miércoles, 3 de abril de 2013

A un año de la muerte de Eduardo Luis Duhalde

El intelectual militante




El ex secretario de Derechos Humanos es recordado en estas páginas por Rodolfo Mattarollo, quien trabajó con él. También se reproduce un texto inédito de Duhalde, uno de sus últimos escritos, redactado en colaboración con Guido Croxatto como “declaración de principios” del Centro de Estudios Enrique Marí.

Por Eduardo L. Duhalde y Guido L. Croxatto

La memoria es el derecho
“Más allá del foso no hay nada. Se sabe porque hay que decirlo. Arena negra extendida. Allí pueden caber millones. Errantes e inmóviles. Sin verse ni oírse jamás. Sin tocarse jamás. Es todo lo que se sabe. Profundidad del foso. Ver desde el borde todos los cuerpos colocados al fondo. Los millones que aún permanecen allí.” Beckett

¿Qué pasaría si el día de mañana las potencias se pusieran de acuerdo en derogar o en desconocer –por cualquier argumento retórico– la Declaración Universal de los Derechos Humanos?, ¿acaso dejarían de existir estos derechos?
Vivimos un cambio. Este es un cambio global de paradigma (en filosofía, y en teoría política) que se produjo en los últimos 50 años. No antes. Esto es lo que Ferrajoli llama “derecho sobre el derecho”: la rigidez de las constituciones. Los límites sustanciales –y no ya sólo formales– a la omnipotencia política del legislador: ya no se puede legislar sobre cualquier cosa. (Ni de cualquier manera.) Entramos en un ámbito esencial (el ámbito de los derechos humanos) que configura lo que Ferrajoli denomina “la esfera de lo indecidible” (ya no se puede decidir, por ejemplo, que los judíos no son personas, o que los extranjeros no tienen los mismos derechos o que los crímenes de lesa humanidad pueden y deben quedar impunes). Esto hiere a veces la susceptibilidad de los Estados. Y, sin embargo, es de entender que de esto depende el futuro de la democracia. Este es un nuevo límite. En efecto, los derechos humanos son esa esfera de lo “indecidible”: son algo sobre lo cual ni los Estados ni los pueblos ni nadie puede “decidir” u otorgar impunidad: ¿por qué? (y determinar ese por qué va a ser uno de los objetivos de este Centro Marí). Porque ya está decidido: deben ser respetados. Esto es lo que Rorty llama “la cultura histórica de los derechos humanos”.
El fundamento que emerge de su práctica. A esto se refiere Bobbio cuando habla –un poco confusamente– de un “tiempo de los derechos”. Este es ese tiempo. Un paso fundamental (como la abolición de la esclavitud o la abolición de la tortura, o los derechos de la mujer, etc.) en la historia de la humanidad. Estos pasos se advierten rara vez con el nacimiento de figuras jurídicas esenciales y propias como la de genocidio (que le debemos a Rafael Lempkin) y más aún, con la figura de la imprescriptibilidad. Hay ciertos delitos que ya no prescriben, los delitos de lesa humanidad se ligan, de manera fuerte, como vemos, con otro término esencial de la ecuación política actual, y que enriquece al derecho argentino: la memoria. No hay derechos humanos sin memoria. La memoria es parte de este cambio de paradigma en el derecho. La memoria viene a complementar y a enriquecer a la democracia liberal. El auge de los derechos humanos tiene mucho que ver con el respeto y la promoción (algunos dirán también con el abuso) de la memoria. Así como la impunidad tiene mucho que ver con la desaparición, el olvido, la muerte y el silencio, dar vuelta la página, como dice Günter Grass irónicamente, en El discurso de la pérdida, la memoria tiene que ver con la presencia, el derecho, la palabra, y la vida. Argentina está en ese camino.
El Centro Marí es una reflexión con un fin práctico. Como decía Adorno en Mínima moral, “lo único que le queda a la filosofía es responsabilizarse”. Esa es la única filosofía que según Adorno podemos hacer, no ya filosofía de los grandes sistemas (códigos y valores, ya que todos los sistemas terminaron o se hundieron en Auschwitz), sino hacer filosofía desde los fragmentos. Las ruinas. Los escombros. Y el dolor. Este era el dilema de la filosofía alemana. Pero también es el dilema de la filosofía argentina: responsabilizarse. Entre todos estamos pensando cómo entender esa responsabilidad. El tema de la responsabilidad del filósofo no es un tema nuevo: es un tema que preocupaba al mismo Platón, el problema de la responsabilidad es un problema que está en los orígenes mismos de la filosofía, para quien el descenso del filósofo, en la alegoría de la caverna, es un término ético esencial: debe liberar al otro de sus cadenas. Debe mostrar las cadenas que el otro no ve. Debe cooperar. Debe bajar de la nube. Debe ayudar. Debe actuar. Debe comprometerse. ¿Qué otra cosa sino ésa son los derechos humanos?
Decíamos que la desaparición responde a esta lógica de inhibir la denuncia en un plano que excede al Estado asesino. El Estado es consciente. Por eso es el típico crimen del siglo XXI. El desaparecido es una víctima que no puede hablar. Que carece del derecho más esencial de todos los derechos: la palabra. Su cuerpo mudo, muerto, es un testimonio. Pero se lo priva, incluso, de eso: de su muerte. Este es el extremo del horror. Pero en su lugar tenemos otra cosa: su desaparición (forzada) no prueba nada. Ya no basta con matar, ahora también hay que hacer desaparecer, porque ya no bastan las leyes de autoamnistía que el derecho internacional (caso Barrios Altos) tiene por inválidas. El poder soberano no se justifica a sí mismo. Teme. El poder teme y el poder que teme se vuelve peligroso, como advierte Eugenio Zaffaroni, porque se vuelve fácilmente asesino. Oculta y niega los cuerpos. Oculta y niega la verdad. Se vuelve impune.
Los derechos humanos no han tenido una historia fácil. Nosotros lo sabemos. Los jóvenes lo saben. El valor de los derechos no es un tema aislado. Es el único que le debe preocupar a una democracia. Hoy muchas democracias seleccionan. Dividen ciudadanos. Algunos tienen derechos. Otros no. Algunos discuten con otros argumentos la idea de que los derechos son universales. Este es en efecto un debate actual en Alemania, en Italia, en Francia. El pasado vuelve. Pensemos, por ejemplo, en las reacciones conservadores de Edmund Burke, Bonald o De Maistre a la Revolución Francesa. Para el obispo De Maistre, la sola idea de “derechos del hombre” universales era una idea “del diablo”, le parecía de una “injusticia extrema” que venía a alterar el “orden divino”. Le pareció absurdo y peligroso a Bonald que todos los hombres tuvieran derechos. Le parecía (nada menos que la propia idea de derechos) una “injusticia extrema” contra la tradición. De Maistre también hablaba o creía hablar desde la moral “correcta”. Desde “la verdad”. No son muy distintos de los argumentos que escuchamos ahora. Sólo que ahora es más difícil darse cuenta. Porque no se dice “que los hombres no tengan derechos”. Se usa un lenguaje diferente, se habla del “costo social”, del “mal necesario”, del “daño colateral”, de la “productividad”, de la eficiencia. El que va perdiendo espacio es el derecho. Por eso pensamos este centro como espacio abierto para elaborar entre todos una definición del Derecho. La memoria es el derecho.
Permítanme comentar, antes de seguir, una versión del argumento de la nueva página de la historia. Günter Grass se ha referido a él en su Discurso de la pérdida, y se refiere con ironía a esos alemanes que desde los medios incitaban a todos a “mirar sin vacilar para adelante, solo para adelante” (que a nadie se le ocurra mirar para atrás): en esta versión se sostiene que el pasado debe ser olvidado –incluso un pasado tan palpable y vivo y criminal como el genocidio nazi– rápidamente para que el futuro anhelado pueda empezar. O recomenzar de nuevo. Hay que “dejar paso” a lo nuevo. Esconder el cadáver. Barrer las heridas rápidamente. Como si el propio dolor no tuviera sus tiempos. Los artefactos obsoletos deben ser dese-chados y sustituidos por otros nuevos. No importa cuán encomiable sea en el campo de la tecnología, esta actitud (este simplismo, esta versión sesgada) está completamente fuera de lugar en relación con la historia de un país, como dice Agnes Heller, “que es tanto recordar y conservar el pasado cuanto proyectar el futuro”. Muchos dicen que nosotros defendemos “el pasado”. No es así. Nosotros defendemos vivamente el futuro. No se puede pasar la página sin catarsis y no hay catarsis si se barren los crímenes bajo la alfombra. Sigue el dolor. La idílica página nueva de la historia no estará limpia, después de todo. La decisión de no encausar a los agresores no produce el olvido del odio, el resentimiento y los agravios personales. Una democracia que otorga impunidad, que duerme con la impunidad, que camina y almuerza junto a la impunidad, que es ella impune, entonces niega un derecho. Y niega a la misma democracia. Defender los derechos humanos es la forma que encontramos nosotros para defender la democracia. Todavía hay un largo camino por hacer. Lo haremos nosotros y lo harán los jóvenes. Por eso pensamos este centro de reflexión sobre los derechos humanos Enrique Marí. Sobre el Derecho. Porque todavía hay una definición pendiente en la sociedad argentina. Una pregunta que no obtuvo respuesta.
La memoria trabaja con aquello que no ha sido. Nosotros también. Ese impedimento, eso que no ha llegado a ser, también tiene derechos. Voces. Sentidos. Palabra. Un nombre. Nosotros sabemos bien que no estamos acá porque nos interesa el pasado (lo que han rebautizado muchos como “el pasado”, está de moda decir “el pasado”). Estamos acá porque nos interesa el presente. Estamos acá porque nos interesa el futuro. Porque no podemos borrar. Porque no admitimos la impunidad.


Por Rodolfo Mattarollo *

Un hombre de magnitud incomparable

“Mientras los hombres aún respiren
y los ojos puedan ver el día.”
William Shakespeare, soneto 18.

Junto al desgarramiento, la sorpresa. Porque cuesta admitir la muerte de alguien tan entrado en la vida, tanto por la intensidad de su presencia como por su manera de volcarse hacia lo público. En el universo de los derechos humanos faltará durante mucho tiempo esa personalidad de magnitud incomparable.
La escena política argentina, en la que evoluciona el entonces joven Duhalde, se transforma en los años sesenta, sin los cuales, solía él decir, los hoy casi legendarios años setenta serían inexplicables.
Hay épocas de revolución y épocas de contrarrevolución. Aquélla era una época de revolución. Un tiempo de resistencia que llamaba a adoptar diversas formas de lucha ante la planificada destrucción, por la dictadura de Juan Carlos Onganía, de acendradas conquistas económicas y sociales, pero también políticas, educativas y culturales del pueblo argentino.
Bajo la dictadura de Lanusse, la Argentina vive el vértigo de vísperas indescifrables, para algunos anuncian el socialismo, para otros la vuelta del líder: insurrecciones parciales en grandes ciudades del interior preceden el accionar de las organizaciones político militares, surge un sindicalismo clasista y combativo –en el que se destaca la figura unitaria de Agustín Tosco y el sindicalismo antiburocrático de la CGT de los Argentinos–, aparecen los “curas del Tercer Mundo”, se practica el periodismo de investigación y se multiplican los movimientos sociales. Además, cobran un protagonismo que no abandonarán las organizaciones de derechos humanos e irrumpen como una fuerza de la naturaleza los familiares de los presos políticos y de los primeros desaparecidos, integrantes de comisiones que luchan, como se decía entonces, “contra la represión y la tortura”.
En ese panorama juegan un papel esencial, entre los nuevos actores, los periodistas y los abogados. Reuniendo ambas condiciones dos personalidades resumen las virtudes de inteligencia y audacia de toda una generación: Rodolfo Ortega Peña y Eduardo Luis Duhalde, recreados en los
inefables personajes Barrantes y Barroso de Megafón o la Guerra, la última novela de Leopoldo Marechal. Raro privilegio el de contar con semejante retratista.
Eduardo Luis buscó constantemente la síntesis entre el pensamiento nacional y popular y los enfoques clasistas en la interpretación de nuestra breve y cruel historia. Seguramente, el repaso de sus textos mostrará su vinculación con la lectura gramsciana del marxismo y su relación con “los nuevos movimientos sociales”.
Su estrecha vinculación ideológica con John William Cooke debería ocupar un sitio central en toda reflexión sobre su vida y su obra, como su fecunda colaboración intelectual y política con Rodolfo Ortega Peña.
En Argentina y en América latina no siempre es fácil ser contemporáneo del propio presente. El lo fue. En Néstor Kirchner descubrió, cuando pocos lo veían, un destino, el del hombre que transformaría un país. Se encontró lejos de correr la suerte de ese personaje de Stendhal que estuvo en la batalla de Waterloo sin saberlo, como parece ocurrirles hoy a ciertos compañeros de luchas pasadas.
Imposible sintetizar aquí cuarenta años de amistad inquebrantable, con picos de intensos períodos de militancia en común, incluidas esas decisivas etapas de la Comisión Argentina de Derechos Humanos (Cadhu) en el exterior y la de organización y puesta en marcha de la nueva Secretaría de Derechos Humanos en la Argentina a partir de 2003.
Eduardo Luis escribió tempranamente en el exilio el primer análisis integral de la violación de los derechos humanos por la dictadura militar de 1976 y su finalidad reordenadora, el establecimiento de una “pedagogía del terror”. El trabajo fue publicado en Madrid antes del Mundial del ’78 bajo el título Argentina, Proceso al Genocidio. En ese tiempo acuñó la caracterización de la última dictadura como “terrorismo de Estado” y polemizó con la encubridora interpretación de una Junta Militar dividida entre “moderados” y “pinochetistas”.
Su nombre, y el de algunos de nosotros, la primera línea de los que integrábamos la dirección de la Cadhu en el exterior, fueron incluidos en listas ampliamente difundidas por los medios masivos de máximos responsables de la llamada por la dictadura “campaña antiargentina en el exterior”, claro reconocimiento del papel que jugaba la Cadhu en la lucha democrática.
Eduardo Luis sintió que la suerte o un destino enteramente humano nos había otorgado ese don raro que es una segunda oportunidad en la vida, de la que hablaba con frecuencia.
En su caso fue la suerte excepcional de poder contribuir como secretario de Derechos Humanos de la Nación a modelar una política de Estado de derechos humanos en los períodos presidenciales de Néstor Carlos Kirchner, en el que lo acompañé como subsecretario, y de Cristina Fernández de Kirchner.
Cuando los grupos de tareas recorrían desenfrenados las calles de Buenos Aires, los primeros meses de la dictadura, cuando ya habían sido secuestrados nuestros compañeros, los abogados Mario Hernández, Roberto Sinigaglia y tantos otros, o el escritor Haroldo Conti, para citar sólo a algunos de entre los miles de detenidos-de-saparecidos del terrorismo de Estado, recién en septiembre de ese fatídico año de 1976, Eduardo Luis decide dejar el país.
Antes de que transcurriera un mes desde su muerte escribí un poema del que incluyo cuatro líneas con las que termino esta breve evocación de su memoria:
Y sin embargo quedan los recuerdos
Ese fuego sin fin de mil campañas
Que no se borrará de la memoria
Mientras los ojos puedan ver el día
* Embajador de la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur) en Haití.

Fuente: Página /12
3 de abril de 2013

jueves, 7 de marzo de 2013

Hugo Chávez, intelectual de Nuestra América




La desaparición física del Presidente de la República Bolivariana de Venezuela, Hugo Chávez Frías, deja un vacío muy difícil de llenar. Miles de militantes populares latinoamericanos forjados en décadas de luchas, volvieron a entusiasmarse y se sintieron reconvocados en una gesta emancipadora de los nuevos tiempos. Otros tantos, más jóvenes, se sumaron e hicieron sus primeras experiencias con el estímulo de las banderas bolivarianas. En nuestra Argentina, la simpatía hacia esa figura gallarda y disonante con las voces tradicionales del conservadurismo, creció rápidamente. Y el entronque fraterno y fecundo con la experiencia que inicia Néstor Kirchner en 2003 potenció esa simpatía, que pronto se trocó en conciencia latinoamericanista. Hugo Chávez fue digno exponente de la mejor tradición de patriotas y revolucionarios latinoamericanos, allí encontró las fuentes más importantes (aunque no exclusivas) del pensamiento rector de su acción política. Abrió la puerta, sin olvidar la herencia de luchas populares antineoliberales de los años previos, al cambio de época que mentara el Presidente de la hermana República de Ecuador, Rafael Correa. En estas horas aciagas, son muchos los compañeros y compañeras que en los distintos países de Nuestra América y el mundo recuerdan con sus palabras al extraordinario líder que acaba de partir. Se destaca en dichos homenajes su rol fundamental y precursor en la construcción de un escenario posneoliberal sudamericano, su protagonismo junto a Néstor Kirchner en el hundimiento del proyecto neoimperial del ALCA, su mirada estratégica sobre el proceso de integración regional, su liderazgo democrático en su patria de nacimiento, su voluntad de empoderar a los humildes y desposeídos, su oratoria encendida, deslumbrante (e incansable) llena de referencias librescas pero plenas de singular vitalidad y de correspondencia con nuestra hora histórica, la revitalización del ideal socialista que suscitó con su llamado al “Socialismo del Siglo XXI”. Todo esto contribuye al conocimiento del extraordinario político que fue Hugo Chávez Frías. Pero también se rescata en las palabras de varios compañeros que escriben en estos días, la estatura y rol intelectual de Hugo Chávez. Una buena muestra es el excelente artículo que publica el Director de la Biblioteca Nacional, Horacio Gónzalez, en la edición de Página /12 del pasado 6 de marzo. Las líneas que siguen, sin presunción de originalidad y solo como emocionado homenaje al patriota que perdimos, van por esa huella.
Desde que empieza a conocerse la obra de Antonio Gramsci, producida en su penoso cautiverio en la cárcel del fascismo, sabemos que el “intelectual” no es solo el especialista en una determinada rama del saber, sino que es aquel que contribuye a la recreación y difusión de una concepción del mundo, de un horizonte de sentidos que remite (a través de variadas mediaciones) a intereses sociales concretos. El intelectual orgánico representa a un determinado bloque social que busca conservar o transformar un determinado “equilibrio” socialpolítico, que construye una visión con vocación de hegemonía. Por lo tanto, el concepto de intelectual no se agota en la referencia al estamento de los letrados, sino que apunta a un rol social en la crítica de lo existente y en la construcción de nuevos horizontes hegemónicos. En la tradición de patriotas latinoamericanos que Hugo Chávez conocía al dedillo y amaba (empezando por su irremplazable Simón Bolívar) ese rol intelectual emancipador fue encarnado muchas veces por líderes y políticos revolucionarios. Mencionemos solo a José Martí. En una introducción que Roberto Fernández Retamar hace al Nuestra América de Martí, se destaca las múltiples “funciones” y roles que cumplió el héroe cubano José Martí: maestro, periodista, organizador político, luchador alzado en armas, poeta. Todos estos roles se integraban y fundían en una praxis emancipadora (unidad de pensamiento y acción) que guió los pasos de Martí; y justamente el escrito Nuestra América es una acabada expresión de esa tarea intelectual eminentemente política que quería entroncar con actores sociales concretos (populares) mientras cuestionaba radicalmente también muy concretos intereses (oligárquicos y neoimperiales). En esa voluntad libertaria (y también en el estilo expresivo muchas veces) hay una clarísima ligazón entre José Martí y Hugo Chávez. Ligazón cultivada por esmero por Chávez en su afán de lecturas que contuvieran experiencias emancipadoras, en su aporte deliberado y conciente a la construcción de una tradición político-intelectual latinoamericanista, en su respeto sacrosanto, religioso casi, a todos los héroes de la América Latina plebeya, oscura, emancipadora, revolucionaria. Justamente, en ese aporte de Chávez a la reconstrucción de una genealogía del pensamiento nacional-popular latinoamericanista, es claramente apreciable una de las facetas de su rol intelectual. Aquí no se trata tanto de una originalidad de Chávez (esa explícita tradición nacional-popular fue cincelada por muchos otros, empezando por el propio José Martí) como de su insistencia y versatilidad para referir a ella e instalarla como horizonte de sentido, tanto ante audiencias populares como en aquellos foros donde hacía gala de bravura frente a los poderosos del mundo.
Cuánto hizo Chávez para que el paradigma de la integración de resonancias economicistas, se complementase en esa etapa histórica y dejase su “puesto de mando” al paradigma de la unión. Incansable promotor de la integración económica y de la construcción de una infraestructura sudamericana, Chávez defendía empero un ideario en el cual la política, la cultura y el patrimonio de luchas emancipadoras y liberacionistas no eran un factor inerte ni un elemente decorativo del drama histórico, sino factores activos y basamentos de una mirada potencialmente hegemónica. En ese camino, no temía ir más allá, y proponer escenarios audaces de proyección global. En ese punto, martiano finalmente, Chávez sabía y decía que la unión de Nuestra América era una pieza esencial en el “equilibrio aún vacilante del mundo” como dijera Martí en una carta, al referirse a la geopolítica del imperio del Norte y su proyección sobre estas tierras del Sur en los finales del siglo XIX. Apreciamos en Chávez una mirada nacional, en proyección latinoamericanista, y de allí el salto a imaginar una globalidad diferente y superior a la imperialista (coincidiendo con la secuencia pensada por Jauretche para su posición nacional). Hugo Chávez fue ferviente y persuasivo defensor de esa mirada, que si remitía en sus fuentes a la tradición nacional-popular y a la matriz bolivariana de “la Patria es la América”, coincidía y se nutría también de los movimientos sociales y pensamientos contestatarios críticos de la globalización neoliberal contemporánea. También de las experiencias socialistas del siglo XX, especialmente la cubana, de los internacionalismos ligados a ese ideal; y de allí la consigna del Socialismo del Siglo XXI, nacida de meditaciones críticas que se alimentaron de lecturas y seguramente de conversaciones con otro de los héroes de Nuestra América: Fidel Castro.
En esa audacia del pensamiento que quiere ir más allá, que se tensiona y combina (combinación siempre nueva, siempre original y digámoslo siempre azarosa en cada circunstancia) con la apreciación del momento y la coyuntura que siempre distingue a los grandes políticos, Hugo Chávez no temió ser desmedido, como la voz de un profeta. Y si eso podría llevar a pensar en una postura mesiánica, digamos que en Chávez primaba más bien un profundo utopismo: la convicción de que los pueblos eran los grandes protagonistas; “darle poder a los pobres” dijo en alguna oportunidad. Si en su mirada la referencia a los grandes revolucionarios no faltaba nunca, tampoco faltaba la apelación a “los de abajo”, a los humildes, y la voluntad concreta (azarosa también e inevitablemente atravesada por las grandes contradicciones de ésta, nuestra etapa histórica) de estimular formas de poder popular. Allí otra de las herejías políticas e intelectuales de Chávez: la unión de América Latina debía construirse desde abajo. Y si la integración socioeconómica regional no podía desdeñarse (e incluso ser dominante en coyunturas precisas) el horizonte estaba en la política y las culturas de los pueblos. Chávez fue un pensador y un arquitecto de la hegemonía de los pueblos (tomando la expresión de un librito del mexicano Pablo González Casanova de los años ´80). Allí está la médula del rol intelectual del héroe que se nos fue, y una de las claves de la hora que histórica que vivimos apasionadamente.

Germán Ibañez

domingo, 17 de febrero de 2013

“La democratización va a llegar a la Justicia y a la policía”


Entrevista: Gabriel Mariotto. El vicegobernador de la Provincia de Buenos Aires repasa el día a día de uno de los territorios más complejos de la Argentina y aborda los temas problemáticos de la gestión: la economía, la seguridad y los medios de comunicación.

- Hay una cosa que tengo fija, y vos te la vas a acordar seguro. Yo salía del Banco Central, hacía calor, venía de tener un off, como se dice habitualmente, con Mercedes Marcó del Pont. Salía de verla y me encontré con vos. Me dijiste “bueno, confirmado”. Confirmado que eras candidato.
–Yo iba caminando a verlo al gobernador Scioli en las oficinas del Banco Provincia, y ahí en la puerta nos encontramos nosotros. Así que tuve la oportunidad de decirte la primicia.
–De acuerdo con tu cara, por un lado estabas honrado, y por otro sabías que venía un desafío.
–Y sí. El desafío es permanente. Por supuesto, no es “llegué a tal lugar”, sino que hay que honrar ese lugar y hay que ponerle mucha militancia, mucho estudio, mucha capacitación, mucho compromiso y son 24 por 24 de laburo.
–¿Cómo fue esa primera reunión?
–Fue una buena reunión. Scioli me estaba esperando para comunicarme seguramente lo que ya había hablado con la Presidenta de la Nación. Ahí yo me sentí realmente muy comprometido. Y arrancamos a plantear ejes, sabiendo que íbamos a tener la posibilidad de complementarnos mucho, que no teníamos las mismas visiones sino que formamos parte del Proyecto Nacional, pero cada uno con sus matices, con sus diferencias. Más que entenderlo como una confrontación, eran aportes que cuando se presentan honestamente, intelectualmente honestos, van a servir mucho a la construcción de la gestión. Y así arrancamos. Después tuvimos idas, vueltas, altas, bajas, operaciones mediáticas, títulos estridentes. Pero en términos del General, los melones se acomodan con el andar del carro. Y a la revisión del año, el gobernador ha tenido palabras muy elogiosas a nuestra tarea en la Legislatura. Todo lo que el Ejecutivo pidió pudo verse en Ley. Como nunca, tuvo presupuesto el 1º de noviembre.
–Vamos a aclarar que la función del vicegobernador es la de presidir el Senado, es decir, la Cámara alta, y todas las funciones que conlleva. En el caso de la Provincia de Buenos Aires, convertir en ley los proyectos del Ejecutivo provincial, que, ¿pueden ingresar por cualquiera de las dos cámaras?
–Sí. Por cualquiera de las dos cámaras. En algunos aspectos, lo que tiene que ver con lo impositivo, ingresa por el Senado. Pero pueden ingresar por ambas cámaras. Lo cierto es que todos los proyectos que fueron enviados por el Ejecutivo fueron tratados en tiempo y forma. Lo que pasa es que, claro... el cambio de formato fue tan grande que generó muchas dudas, muchas especulaciones. Y yo sabía que iba a generar ruido, pero tampoco salí al cruce en el momento en que ese ruido se producía, confiando en que la mirada del período, de acción y de gestión, se iba a entender una vez terminado, porque... Llega un proyecto, y nosotros lo hacemos pasar por las comisiones. Antes, los proyectos, en su mayoría, se trataban sobre tablas, y no había discusión política. No había aportes de ninguno de los partidos de oposición.
–Esto es una tradición del peronismo bonaerense, que prefiere discutir más a puertas cerradas y en todo caso después no dar un debate en público...
–Es posible. Había una práctica: se presentaba una ley desde el Ejecutivo, se resolvía en una discusión o en una conversación de un despacho, y se votaba la ley. Aquí fue todo lo contrario. Llegaba la ley, por ejemplo, de Policía Judicial...
–Te iba a preguntar por eso, porque es uno de los temas importantes.
–Importantísimo. Es uno de los aspectos que hablamos con el gobernador durante los primeros días de la campaña. Era un viejo dictamen constitucional del año ’94, que jamás se había presentado en la Legislatura. Y el gobernador lo presentó en la apertura de sesiones del 1º de marzo del 2011. Cuando llega el proyecto del Ejecutivo, que ya había trabajado la Comisión por la Memoria, tenía algunas modificaciones...
–Disculpame que te interrumpa, pero es un tema muy importante. Me acuerdo que Hugo Cañón, que está, no enfrentado a Scioli, pero sí con denuncias muy fuertes sobre las acciones de la Bonaerense, junto a todos los integrantes de la Comisión Provincial por la Memoria estaban encantados porque Scioli los había llamado. Habían charlado, y él optó, de los proyectos que tenía, por el de la Comisión Provincial por la Memoria.
–Ésa fue la matriz. Después, el Ejecutivo hizo algunas consideraciones, algunas modificaciones y lo envió al Legislativo. Cuando nosotros lo tomamos, diseñamos la estrategia de los foros.
–¿Por qué tomaste este proyecto?
–Me gustaban los dos proyectos. El de la Comisión Provincial por la Memoria tenía algunos aspectos más elaborados que el presentado por el Ejecutivo y, de todas formas, estábamos muy satisfechos de que en este período podamos abordar ese tema tan importante. Rápidamente construimos 8 foros para escuchar a todos los sectores de la sociedad: volver a escuchar a los organismos de derechos humanos, pero también escuchar a jueces, fiscales, defensores, víctimas de la violencia institucional, ex detenidos, madres, padres de víctimas, policías... Todo el mundo aportó en esos foros.
–Entiendo que te sirvió la experiencia del proyecto de Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual.
–Sí, claro. Repetimos el mismo esquema.
–Yo no se si te acordás, seguramente que sí. Pero hace muchos años, vos remabas en el desierto con los foros. Vos estabas ahí, con entusiasmo. Por eso, los foros son un lugar de militancia, pero de agricultor...
–Total. Lo que pasa es que, en este tiempo de construcción política, donde Néstor y Cristina han diseñado ejes de gestión para ampliar derechos y ampliar ciudadanía, no alcanza solamente con la decisión de nuestra conducción, hace falta que la sociedad acompañe. Y pare eso hay que discutir mucho y predicar mucho y escuchar mucho, porque el pueblo sabio puede expresarse con datos que son certeros. Entonces, lo que la Presidenta eligió como el camino más difícil, que el texto de la ley de Servicios de Comunicación Audiovisual, en vez de ir directamente al Congreso, empiece a tomar cuerpo en la sociedad a partir de los foros, nosotros lo tomamos para llevar adelante la consolidación del proyecto de Policía judicial. Ahora, qué nos dijo el Ejecutivo, y algunos operadores y algunos agentes de prensa: “Ah, no, mandan a los foros porque no lo quieren tratar nunca más, van a licuarlo, van a patearlo para adelante”. Nosotros, en 45 días hicimos ocho foros y consolidamos el texto, que sufrió muchos aportes y muchas modificaciones, que fueron después muy consideradas y aceptadas por el Ejecutivo, y por eso votamos Policía Judicial de consenso. Todas las voces que se expresaron en esos foros estuvieron después en el texto final. Y tomamos otras recomendaciones. Por ejemplo, nos decían “está perfecto policía judicial, está perfecto que esté en el marco de la Procuración... ahora, la Procuración es una institución que atrasa 200 años, por qué no está la autonomía de la defensa”, y tomamos esa voz, y también presentamos, por iniciativa de la Legislatura y con origen en el Senado, el proyecto de autonomía de la defensa, el cambio, el desdoblamiento del Ministerio Público Fiscal, y ya la tenemos en Ley.
–Te quiero preguntar, primero, en qué instancia quedó este proyecto de policía judicial, y también el de policía municipal, y cuáles son las garantías que va a tener la ciudadanía para que esas normas, esos institutos, después sean aplicados y sean controlados por gente idónea. Porque justamente son leyes que surgen por las deficiencias institucionales en el ámbito fiscal, judicial y policial.
–Policía judicial ya es ley, por unanimidad, y este año va a empezar a implementarse en el departamento judicial de Mar del Plata, que es un departamento judicial muy importante de la provincia de Buenos Aires. También digo que con Policía judicial surgieron cuatro leyes más que fueron de agenda propia, y que el Ejecutivo no las impulsaba porque estaba en muchos temas de coyuntura.
–Cuando decís de agenda propia, son iniciativas que surgieron de tu parte.
–De nuestra parte y escuchando a los ciudadanos en los foros. Autonomía de la Defensa, o sea, desdoblamiento de la Procuración, que va a fortalecer la institución. También vimos que la secretaría de Jury de Enjuiciamiento era otra de las deficiencias institucionales que tenía la provincia, porque llegan las denuncias de los malos funcionarios judiciales y se guardan en los cajones. Entonces, el mal funcionario judicial jamás tiene la posibilidad de ser sancionado, porque ese tema no se aborda nunca. Cambiamos la ley para darle un procedimiento administrativo transparentado, de cara a la sociedad. Agregamos la autonomía de la Defensa en el cambio de la Procuración, Secretaría de Jury de Enjuiciamiento, y ya tiene media sanción el nuevo Consejo de la Magistratura. Porque nos tiramos de los pelos con algunos fallos judiciales y no sabemos quién elige a los agentes judiciales de la provincia. No sabemos que las corporaciones se votan entre sí, que hay un cargo en un departamento judicial X de la provincia, y que el Colegio de Abogados de esa ciudad propone a un representante, y que sistemáticamente los otros Colegios de Abogados lo votan a pie juntillas, y junto a los Colegios de Magistrados, y se reproduce la familia judicial. Entonces, le pusimos luz al consejo de la Magistratura, porque las corporaciones son un problema para la democratización de las instituciones. Ya no es sólo una ley de policía judicial, es una matriz de justicia que empezó a democratizarse. Y también el mecanismo de prevención de la tortura, que fue una de las cosas que recibimos también en los foros: no podía ser que la Provincia de Buenos Aires no tuviera el mecanismo. Y ya lo hemos también sancionado por unanimidad. Lo mismo pasó en otros aspectos, como la ley de hábitat. Todas estas leyes son iniciativa de la legislatura. Entonces, la mirada tradicional, la de la política conservadora de la provincia, las operaciones de prensa, nos acusaban que éramos cualquier cosa, que queríamos destituir al gobernador, que queríamos cargos. Nosotros dejamos que esa descalificación circulara, porque lo único que pretendíamos era instalar un agenda de discusión de gestión: ayudar al Ejecutivo en todo lo que pedía, pero también hacer los aportes. Y hoy, al año, el gobernador está muy contento, porque ve que el Ejecutivo tuvo todo lo que necesitó. Hubo un grupo de legisladores que laburaron todo el año y le hicieron aportes que engrandecen la gestión.
–Me interesa auscultar cuáles son las preocupaciones de la sociedad. Y es cierto que en todo el país, pero particularmente en la provincia de Buenos Aires, y especialmente en la parte urbana, los problemas tienen que ver con la seguridad o inseguridad. Y esto que vos decís es la nueva estructura, es el nuevo andamiaje.
–Sí. Yo lo entendí así desde el primer momento. Y por supuesto recibí instrucciones, a partir de escuchar a la Presidenta. Ella permanentemente va a la búsqueda de la transparencia, y sobre todo de la democratización, y que no haya corporaciones que connivan con el delito. Y nosotros en la Provincia de Buenos Aires vimos que esa connivencia estaba reproduciéndose sistemáticamente. No de ahora, no es culpa de un dirigente, es parte de una práctica. Nosotros vimos malos funcionarios policiales. También vimos buenos funcionarios policiales. Pero también vimos como que la Justicia estaba siempre por fuera, y que no aparecía iluminada. Entonces, le quisimos aportar mucha reflexión en materia de la matriz judicial de la provincia de Buenos Aires. Para que, si hay vocación institucional, los cambios puedan llevarse adelante, y que no haya una corporación que le ate las manos a nadie a la hora de la transformación. Y que todo el mundo sepa cómo se llevan adelante esos procedimientos. Muchas veces los ciudadanos no sabemos qué puerta tenemos que golpear para hacer una denuncia, no sabemos que existen las fiscalías, y cuando tenemos que denunciar vamos a las comisarías, y muchas veces los fiscales tampoco están las 24 horas del día trabajando. Yo conozco fiscales, producto de estas experiencias, que cuando recibían un ciudadano que iba a hacer una denuncia lo mandaban a la comisaría. Entonces, policía judicial, un cuerpo especializado en investigaciones, que tenga un alto nivel de capacitación, un alto nivel de honestidad intelectual y ética, probada, con concursos muy bien llevados a cabo, para que el personal que nutra esa nueva fuerza tenga el respeto de la sociedad y la confianza de la sociedad. Es muy importante, pero tiene que estar acompañado de estas otras medidas. Por eso fue un año en donde laburamos muchísimo.
–Te quiero preguntar dos o tres cosas más sobre gestión. Una tiene que ver con el tema de los juicios por jurado con participación popular. Cualquiera que vea series norteamericanas, ha visto cómo funciona eso. Me imagino que sobre esto habrás tenido que formarte una opinión...
–Sí, y tenemos un proyecto de ley que envió el Ejecutivo y que seguramente el año que viene estaremos tratando. Yo creo que va a ser ley el próximo año. Este período que se inicia el 1º de marzo, 2013, seguramente vamos a tener la posibilidad de sancionar esa ley, de juicio por jurados, lo mismo que la ley de ética pública. La provincia de Buenos Aires no tiene el mismo compromiso que la Nación: ninguno de los funcionarios de los tres poderes tenemos que hacer presentaciones públicas de nuestros patrimonios. La ley de ética pública va a estar considerada, y también el Ejecutivo mandó el proyecto de policía comunal, que tenemos que seguir discutiéndolo con los intendentes.
–Eso es para los municipios que tienen una determinada cifra de habitantes.
–Sí, 300 mil habitantes.
–Es decir, que de los 135 municipios habrá un 20%.
–Pero hay proyectos que establecen que todos los municipios pueden llegar a disponer la policía comunal, y ahí hay que discutir mucho con todos los intendentes. Hay muchas inequidades en nuestra provincia, son 135 distritos, 135 realidades.
–El otro día me causó pena, porque no es gracia: estaba entrevistando al intendente de Castelli, y le decía: “Cuáles son los principales problemas?” Cualquiera que conozca Castelli sabe que es un pueblito muy chiquito. Y me dice: “Uno de los principales problemas es la inseguridad”. “Pero no me diga eso, un pueblito tan chiquitito...”, le respondí. “Es que acá la gente ve TN”, me dijo. Es terrible, y no me lo dijo tomándome el pelo.
– El compañero Francisco Echarren... Si, eso es sistemático en la Provincia. Cuando abrimos el foro sobre la ley de medios en la Universidad de Córdoba se demoró el avión y llegamos un poquito más tarde. Entonces tuve oportunidad de leer una nota de Julio María Sanguinetti, que planteaba que si en Uruguay llevaban adelante una encuesta, iba a ganar la pena de muerte, porque veían los noticieros argentinos.
–Me quedaron por hablar algunos temas, no referidos a la seguridad y su normativa, sino a la ejecución. Las cárceles en la provincia reclaman constantemente compromiso, porque hay una trama de destrato, de maltrato, de violación de los derechos humanos, de comisarías con presos que no tendría que haber, con menores en comisarías. Hay un Ministerio que es Justicia y Seguridad. Cómo hace el vecino para poder confiar?
–Comparto con vos que es una deuda, y que para solucionar los problemas primero hay que advertirlos. De entrada fuimos con Horacio Verbitsky y grupos de compañeros de Derechos Humanos a la Unidad 46 de San Martín, una construcción que se hizo sobre terrenos del Ceamse. Son terrenos en los que no hay agua potable, por ejemplo. Fuimos, golpeamos las manos e ingresamos. Por supuesto que el director de la Unidad Penitenciaria me quiso hacer pasar a su oficina. Pero yo le dije que quería ir a los pabellones y estuvimos toda la tarde recorriéndolos. Y no podemos mirar con ojos de Servicio Penitenciario lo que sucede dentro de las Penitenciarias, porque sino estamos acostumbrados a ver un sufrimiento que nos parece natural. Hay reclusos que están 23 horas encerrados, sin ver la luza. Y en vez de 4 litros de agua como corresponde, le dan uno y contaminada. Y ni hablar a veces de las raciones de comida, y ni hablar de estudiar. Y ni hablar de las enfermedades, y ni hablar de la documentación. Por ejemplo, muchos ciudadanos que están privados de su libertad llegan sin documentos, muchos tienen hijos que tampoco tienen documentos y que no saben que les asiste la asignación universal, o papás que podrían tener la jubilación y no la tienen. Entonces, hay una serie de resortes que el Estado tiene que abordar porque no estamos en una posición alegremente garantista, como nos quieren descalificar. Ese nivel de deterioro, que no cumple con lo que dice la constitución sobre cárceles sanas y limpias para la recuperación, es el huevo de la serpiente. Si la vida de un detenido vale diez pastillas adentro de una unidad penitenciaria... Si ese detenido cumple con su condena y sale a la calle, con tal de no volver a ese lugar tan trágico, la vida de cualquier ciudadano vale diez pastillas. Entonces, tenemos que cambiar. Por eso vamos a hacer aportes en materia de nuevas leyes, pero también queremos reflexionar. Lo hacemos habitualmente con el Gobernador y con el Ministro de Seguridad.
–Sé que tenés buena relación con Sergio Berni...
–Sergio es el vicepresidente de la Cámara, está en uso de licencia por el cargo.
–Es senador.
–Sí. Es un gran compañero de la Segunda Sección electoral.
–Cuando estaba Felipe Solá como gobernador, en alguna oportunidad fui a unas villas en San Martín, cerca de la Ceamse. Justo había sido la desaparición de Jorge Julio López, y Berni vino en esa comitiva de gente que estábamos ahí. Yo había ido para ver si podíamos ayudar con los temas de comunicación popular. Me acuerdo que charlé con él, que en ese momento reportaba al ministro Arslanian. Y claro, Arslanian era mala palabra para la Bonaerense. Pero no por Arslanian en sí mismo, sino porque significaba golpear la puerta y decir “señores, acá voy a poner autoridad”. Del mismo modo que sé que hace unos años el senador Román era el jefe policial en las sombras, porque era el que repartía la caja. [Mariotto asiente]. Entonces, todavía hay muchas cosas que hay que dar vuelta, y lamentablemente cuando aparece el nombre Mariotto, aparece manipulado. No aparece como el tipo que está tratando de llevar adelante una patriada de un cambio cultural importante con los medios. Desgraciadamente, esto lo digo así, apareces como el tipo raro, el que lo quiere desbancar al gobernador...
–Y, sí, porque la mirada tradicional es caprichosa. Y yo creo que como canta Alejandro del Prado en “Los locos de Buenos Aires”, “cuidado con esa gente, no se sabe qué pretende”. A nosotros, dicen “claro, ponen estos ejes porque quieren otra cosa, quieren un ministerio, quieren el lugar del gobernador”. No, queremos discutir estos ejes. Y a lo largo de este año quedó claro que nadie pidió nada del Ejecutivo. Nosotros somos muy respetuosos del gobernador y cumplimos. Nuestra tarea es hacer aportes y los estamos haciendo. Claro que la provincia de Buenos Aires tiene una matriz conservadora en donde alguien que fue jefe de narcotráfico después fue jefe de policía. Y que era la mejor policía del mundo en el marco del duhaldismo. Así murió Cabezas, en esa connivencia de barrabravas con policias. Que llevaban delincuentes a la Costa para robar para ellos y que después se convirtieron en la mano de obra desocupada. En la provincia tuvimos Cabezas, Luciano Arruga, por supuesto, la Masacre de Ramallo, los pibes de la Cárcova, y tuvimos Candela. Cuando sucedió el caso Candela y estábamos nosotros se hizo una Comisión Investigadora, que también al principio decían “la van a usar políticamente para cambiar un ministro”, y no. Fue muy seria, muy profunda, y quedó como una comisión absolutamente clara, marcando el detalle que la investigación judicial no consideró sobre el vínculo con el narcotráfico.
–Te menciono un nombre, Marta Arriola. Estuvo en esa comisión, era una colaboradora directa de Nilda Garré y ahora está trabajando en Río Negro en área de seguridad.
–Sí, y también con nosotros. Está en nuestro equipo, Marta y todo su equipo llevaron adelante la secretaría de esa comisión.
–Yo la conozco muy bien a Martha, fue la inspiradora de todos los foros de seguridad de la provincia de Buenos Aires. Hay muchos policías que a Marta Arriola no la quieren ni ver, precisamente porque es mujer y porque metió la nariz.
–Bueno, pero esto es un camino. Este camino en la recuperación democrática lo inició Luis Brunatti, Ministro de Gobierno de Antonio Cafiero, aún sin el auxilio del gobernador, no quiso compartir cajas, y le quitó la caja a la policía. Luis Brunatti hizo una tarea ciclópea, maravillosa. Con un montón de errores, producto de un momento de coyuntura donde él estaba absolutamente solo. Cometió errores pero también tuvo un montón de aciertos. Después vino Arslanian, mucho tiempo después, 15-20 años después, con un montón de aciertos, y otros tantos errores, porque esto es un camino. Y después venimos nosotros, modestamente, con un grupo de compañeros a plantarnos y a revisar con mucho afecto las experiencias anteriores. Seguramente cometemos un montón de errores y un montón de aciertos, y esto es un camino. Más tarde o más temprano la democratización va a llegar a la Justicia y a la policía.
–Te quiero hablar de algo, bien de abogado del diablo, bien de maldito. Porque para eso es la tarea de periodista, y además uno disfruta hacer la pregunta del maldito. Leo columnistas que no quiero nombrar porque no quiero individualizar, pero que muchas veces, a mi criterio con veneno y también como en una cierta jugarreta de ajedrez, que razonan... “Bueno, la Presidenta lo mandó a Mariotto de alfil, juega de vanguardia avanzada, y después, si tiene que hacer un acuerdo con Scioli, lo va a dejar a Mariotto. Ahí, le dirá ‘bueno, Mariotto, ahora sé embajador en tal lado, total donde estuviste te mataste, hiciste las cosas bien. Ya me serviste para esto, lograste lo que quería’”... Esto que yo te digo en un minuto y de una manera muy coloquial, lo dicen en algunos diarios muy prestigiosos de manera muy seria. Ahora, lo que pasa es que después nadie va y te pregunta “cuando dicen esas cosas, qué pensás vos?”
–Vos sabés que no le doy mucha importancia. Porque cuando empiezo a leer a veces las notas que me involucran me doy cuenta que como las premisas son falsas, la conclusión es falsa. Acá hay que estar muy atento a decodificar esas premisas, a ponerlas bajo cuestionamiento. Entonces, el argumento puede ser sólido, pero si se apoya en premisas falsas, es endeble, y es parte de una operación. Entonces, muy pocas veces termino la nota que me involucra en la descalificación, porque digo “no, es falso, esto es mentira, es una interpretación libre, producto de una interpretación, que beneficia a alguien”. Por otra parte, yo no voy a tener la simpatía de los escribas de los grandes medios de comunicación. Yo creo que me he ganado su enemistad para el resto de mis días. Y, entonces, creo que la resignificación está en el primer plano. Por otra parte, que no estén preocupados por mí, porque yo tampoco lo estoy. Cumplo un rol, estoy orgulloso de poder recibir instrucciones de la Presidenta. En materia de la ley de comunicación yo recibí permanentemente instrucciones, que aparte compartía. Quería recibir esas instrucciones desde que era pibe, desde que era estudiante. Yo formo parte de un Proyecto Nacional, trato de honrarlo, de interpretarlo. Me equivoco mucho, acierto en otras cosas. Pero soy parte de un racimo, entonces no estoy preocupado por dónde voy a ir el año que viene.
–Es un año de mucho cuidado del peso, del peso a peso. Entonces, como el presupuesto se votó en la Provincia de Buenos Aires, lo votaron ustedes y vos has mirado los números, te quiero preguntar si creés que va a ser un año con muchas dificultades fiscales. O en realidad se va a lograr? Y si es un año que, sin dudas, va a ser un año de dificultades fiscales para la provincia, se va a recurrir a lo que habitualmente se recurre, que es al teléfono con la casa de Gobierno. O también se puede recurrir a volver a debatir algunas normas que le están haciendo muy bien a la provincia, respecto de quiénes tienen que tributar y quiénes tienen que recibir menos carga?
–Sí, hay que discutir todo y charlar mucho. La provincia de Buenos Aires en 2012 tuvo 113 mil millones de pesos. Hoy tenemos 139 mil millones de pesos en el 2013, y hay un déficit aproximadamente de 16 mil millones de pesos, que está previsto en el presupuesto en letras que se pueden colocar en el mercado financiero internacional, que no es lo más aconsejable pero está previsto. Echando mano a un resorte que a mí particularmente no me gusta, porque este proyecto político no ha pedido deuda... Entre las cosas patrióticas de Néstor y Cristina se puede contar, precisamente, no endeudarse, desendeudarse, producto del ahorro en el Banco Central. Pero ese déficit seguramente el gobernador y su ministra de Economía lo charlan con el ministro de Economía de Nación, y siempre la Nación ha salido en auxilio. Lo que sí, la Provincia de Buenos Aires tiene que recaudar mucho más, es una provincia muy productiva. Y los reclamos de coparticipación, que también hay que discutirlos. El gobernador lo ha planteado, el jefe de Gabinete de la Provincia también. Yo entiendo que se tiene que discutir, pero siempre en el marco de la pertenencia a un proyecto de país, a 24 provincias, 40 millones de habitantes... La coparticipación hay que discutirla, pero también hay que ver cómo nosotros recaudamos más. Porque no podemos recaudar el 90% de nuestro presupuesto, tenemos que recaudar mucho más, y nuestro presupuesto tiene que ser más abultado y los gastos en materia de salarios tienen que llegar al 70-75%, para hacer otras cosas, para empezar a charlar. Hoy venimos muy atrás. Entonces, hay que optimizar esa recaudación, dar cuenta con mucha claridad a la sociedad dónde se gastan esos recursos, y por qué tenemos el déficit que tenemos. Entonces, nuestra propuesta es arrancar al revés: dar cuenta de lo que estamos haciendo, para entonces reclamar lo que nos falta. Vamos a transparentar bien los números de la Provincia para poder volcarlos en acciones de gobierno, que son traccionadas por la Nación. No se puede entender una provincia que construya lo que se está construyendo sin la Nación. Los intendentes no pueden soñar con obras de infraestructura básicas, como cloacas o nuevas viviendas, con lo que recaudan ellos solos. Tiene que haber atrás una Provincia, y una Nación. Nación, Provincia y Municipio es lo que se puede considerar como el elemento de vanguardia, y que nos permite construir. Y que nos da la garantía de una coparticipación estructual que aporta siempre la Nación.
–Te voy a hacer simplemente un comentario final. Cuando estuviste en la Secretaría de Medios, en el Afsca, eras claramente un hombre de gestión. Yo te conocí en la Universidad de Lomas y eras un hombre de gestión, los cambios que ha tenido cuando vos estuviste al frente en la Facultad de Ciencias Sociales, los cambios que se iban dando ahí eran por esta capacidad de conseguir recursos, saber cómo utilizarlos, a dónde direccionarlos. Y vos sabes que, lamentablemente, debo decirte que es difícil encontrar una foto tuya, para hablar de gestión. A lo sumo, es para salir a replicar... Lo consultan a Gabriel para que replique lo que dijo otro medio porque suena tan ridículo. Gabriel tiene que decir “no, yo no dije eso”... Bueno, la verdad, si hay otros colegas que lo han escuchado tienen 30 mil cosas para seguirle... Fijense, 135 municipios, te mencioné uno de muy poca población, y enseguida dijiste “bueno, el compañero Echarren”. Conoces hasta las últimas baldozas.
–Es así. La batalla por la ley de medios tiene esos costos. Pero el pueblo profundo, la ciudadanía con sensibilidad lo sabe discernir. Por eso lo que digan las letras de molde o las descalificaciones de los grandes medios de comunicación son una cocarda que voy a llevar para toda la vida.

Fuente: Miradas al Sur
Año 6. Edición número 248. Domingo 17 de febrero de 2013

jueves, 14 de febrero de 2013

Mariotto: "Ahora el Senado es visible"
 
El vicegobernador, Gabriel Mariotto, recibió a La Tecla en el Centro Cultural Padre Mugica. Allí, cena de por medio, abordó el tema de la coparticipación y el de la reelección de CFK. También cuestionó las aspiraciones de Scioli y se refirió a la interna de Lomas de Zamora
 
 
“Acá, a los gorilas ni se les ocurre entrar”, bromea Gabriel Mariotto en la puerta de acceso a “El Bodegón del Mugica”, el restaurante y centro cultural que funciona en la principal avenida de Lomas de Zamora.

Al ingresar, se entiende la broma. Perón, Evita, Cristina y Néstor pueblan las paredes a través de fotos y dibujos. Al final del salón, en el miniescenario montado para los artistas, se ve a los cuatro sentados, compartiendo de forma imaginaria una mesa. Resulta tentador pedir al vicegobernador que busque su silla y se ubique en la escena. Todos acuerdan en que ésa es la tapa. Luego viene la charla, distendida, con rabas, fiambres y panes caseros de por medio.

-¿Con qué se encontró en el Senado, siendo que nunca había tenido actividad legislativa?
-Yo nunca había sido senador, pero sabía cuál era el ritmo del Senado. El FpV incorporó 21 senadores de los 23 que estaban en juego, de los cuales 20 jamás habían sido senadores. El cambio que se generó no fue producto de mi impronta, sino de un cambio cultural producto de la conformación de las listas. Entonces era más fácil emprender una nueva metodología que ajustarnos a la vieja. Eramos 20 senadores nuevos más el vicegobernador nuevo. ¿Por qué íbamos a seguir como antes?, donde, por ejemplo, no había bancarización y era plausible que hubiera sospechas.

-Hablaban de transformar al Senado. ¿Que debían transformar?
-Por ejemplo, el tratamiento sobre tablas se había convertido en una costumbre, y eso le quitaba reflexión política; llegaba una instrucción del Ejecutivo y se votaba a mano alzada, sin ningún aporte. Nosotros dijimos que no, que le íbamos a hacer aportes. Así, cuando ingresa un proyecto del Ejecutivo y transita por comisiones, es posible escuchar al resto de los bloques. Cuando llegó Policía Judicial, nosotros le dimos el formato de participación y de apertura en los foros. Quien miraba con ojos tradicionales, decía: “Lo hacen para no tratarlo nunca, quieren complicarle la vida al Gobernador”; sin embargo, en 45 días hicimos ocho foros con gran participación de todos los que estaban interesados. Fortalecimos el texto, lo hablamos con el Ejecutivo, se incorporaron esos aportes y, a su vez, surgieron cinco leyes producto de escuchar las ecomendaciones de los ciudadanos.

-¿Piensan continuar con esta metodología?
-Sí, éste es el Senado que nosotros vamos a seguir potenciando. Nadie quiere quedarse con un ministerio, nadie pide nada
a cambio. Siempre tuve claro que cuando pedíamos discutir una agenda de gestión no estábamos pidiendo otra cosa.

-Del Ejecutivo hubo críticas por esto.
-No, del otro lado había temor a lo nuevo, pero creo que fue saldado por la conducta que tuvo el Senado.

-Entonces, este año no va a haber tironeos.
-No lo sé, los tironeos no dependen de un preconcepto; lo que va a haber es una continuidad de los aportes. Y esos aportes no son en contra de nadie, sino que son aportes de gestión; nunca son una excusa para reclamarle algo al Ejecutivo, sino que son aportes genuinos de gestión.

-¿Y los nuevos aportes pueden llegar a incomodar al Ejecutivo?
-No creo, porque son, precisamente, eso, aportes, no imposiciones; y el Ejecutivo vio favorablemente todas las leyes que hemos tratado. Ahora el Senado es visible. El nuevo Senado es un orgullo.

-¿La Juan Domingo nació de la confrontación Mariotto - sciolismo?
-En el Senado no hubo batallas, hubo una impronta, que sirve para que los sectores se organicen, se potencien, se junten para defender ideales; me parece bárbaro. En este último año el Senado tuvo un protagonismo como nunca antes en la discusión política argentina. Yo he visto senadores de todos los bloques participar en los programas de televisión, dar opiniones, llevar adelante actos; tuvieron una visibilidad producto de la acción política e institucional de este nuevo Senado, que es un orgullo. Antes los senadores pasaban inadvertidos; parecía más un trabajo administrativo que político y de gestión. Hoy están calificados, son reconocidos por la sociedad, forman parte de la discusión política; creo que se han visibilizado y validado mucho.

-¿La visibilidad de La Juan Domingo siempre ha sido positiva?
-Es positivo que tengan acción política. Estos sectores que van organizándose y opinando le dan el volumen que el Senado merece.

-¿Cuáles son los “aportes” que planean para este año?
-Estamos trabajando en varios ejes. Primero, seguir democratizando la justicia, cómo se llega al Poder Judicial, para que no se reproduzca la familia judicial permanentemente.

-¿Hay un proyecto concreto?
-Sí, trabajamos en un proyecto que vamos a presentar después de la apertura de sesiones.

-¿De qué se trata?
-Cómo ingresa un ciudadano a participar del Poder Judicial. Estamos reflexionando para que sea transparente para la sociedad. Porque la familia judicial reproduce a esa propia familia; los colegios de abogados, de magistrados, son los que presentan a los nuevos funcionarios judiciales, y la sociedad no participa. Después vamos a trabajar sobre institutos de menores y Servicio Penitenciario. También sobre inundaciones en la llanura de la Provincia, sequía en el sudeste, recolección y deposición de residuos vinculados con energías alternativas.

-¿A qué se refieren los proyectos sobre menores y Servicio Penitenciario?
-Vamos a seguir trabajando para poder legislar en un cambio cultural en ambos ámbitos. Hay muchos aportes para que la legislación establezca las metodologías que tienen que ajustarse en todas las instituciones.

-¿Van a abordar el tema financiero de la Provincia?
-También estamos trabajando sobre el presupuesto, reflexionando para recaudar más y, sobre todo, para lograr que esa recaudación pueda cubrir la totalidad del presupuesto. Son 130 mil millones de pesos, de los cuales recaudamos menos del 90 por ciento. Estamos optimizando el estudio para recaudar por lo menos lo que se gasta y, a su vez, tener alguna cuota que permita la reparación de las rutas y la construcción de las manos que se necesitan en las nuevas rutas de la Provincia.

-¿A qué se refiere con optimizar la recaudación?
-Nosotros tenemos un déficit de 15 mil millones de pesos, aproximadamente; en-tonces vamos a optimizar el gasto de lo que recaudamos.

-¿Mejorar la recaudación habilita aumentos o creación de nuevos impuestos?
-Son dos planos. Estamos viendo cómo recaudar más y cómo gastar mejor, revisando de qué ámbitos de producción y de qué ámbitos financieros recuperamos más ingresos, porque no nos podemos acostumbrar a recaudar menos de lo que gastamos. Y eso no es una obligación del Legislativo, es un aporte que va a hacer el Legislativo para tener mayores herramientas de gestión. Es en ese plano donde tomamos con responsabilidad la tarea.

-Desde el gobierno se habla de intromisión.
-No hay ninguna intromisión.

-¿Cómo es, en concreto, este análisis que están realizando?
-Estamos trabajando con equipos técnicos, haciendo análisis de nuestro presupuesto, para ver cómo se puede equilibrar y crecer frente a una distorsión que ya es de muchos años y que tiene un profundo déficit.

-¿La Provincia puede solventarse sola?
-Debe solventarse.

-¿Debe o puede?
-No nos podemos resignar a no solventarnos, ése es el objetivo. Deben hacerse todos los esfuerzos, si no, estamos todos entregados.

-¿Un esfuerzo puede ser reclamar por la coparticipación?
-Antes de reclamar para que el Estado nacional nos asista en nuestro déficit tenemos que optimizar el gasto y recaudar más nosotros, hacer todos los esfuerzos posibles; y después discutir, en el marco de un proyecto de nación, con las 24 provincias y con los 40 millones de habitantes, cómo crecemos con equidad en los términos que plantea nuestra Constitución. De nada sirve que la Provincia reciba de la Nación los 15 mil millones de déficit que tiene en detrimento de otra provincia.

-Cuando presentó el presupuesto, Scioli dijo que era todo solventado por la Provincia. ¿Entonces fue algo mentiroso?
-Lamentablemente, los últimos presupuestos se votan y después aparecen resoluciones donde se invierten los términos. Son presupuestos laxos. Fijate que el que votamos el año pasado, de 113 mil millones de pesos, tenía prevista la asistencia financiera que después no llegó; entonces, lo que se votó quedó desfasado producto de una realidad que no acompañó la expectativa. Por eso tenemos que lograr una alternativa financiera que nos permita ajustarnos al presupuesto que se vota, y no acostumbrarnos a que se vota un presupuesto que después no podemos asistir.

domingo, 10 de febrero de 2013

La utopía bien entendida

Entrevista a Fernando Martínez Heredia
Por 
Kaloian Santos Cabrera. Sur en América latina


El ganador del Premio Nacional de Ciencias Sociales de Cuba y una de las voces más autorizadas del pensamiento latinoamericano contemporáneo, se prestó a un diálogo exclusivo sobre el presente cubano y otras cuestiones medulares de la isla.
Desde hace medio siglo, Fernando Martínez Heredia (1939), Premio Nacional de Ciencias Sociales, desanda por las más disímiles problemáticas sociohistóricas de Cuba y América latina.
Autor de una decena de libros y de más de 200 ensayos y artículos publicados, es considerado una voz emblemática del pensamiento latinoamericano. Pero no sólo lo definen sus aportes investigativos sino que, además, es admirado por su actitud militante y su coherencia intelectual.
Martínez Heredia, marxista y guevarista, defensor de la Revolución cubana y, a su vez, uno de sus más lúcidos críticos, compartió con Miradas al Sur algunas reflexiones sobre su vida, sus luchas y el presente de Cuba.

–¿Cómo se convirtió en marxista o, mejor, cuándo se dio cuenta de que debía serlo?
–Fue un verano sofocante, tres meses después del ataque a Playa Girón, cuando me di cuenta que no me iba a bastar con ser un revolucionario cubano socialista, porque los hechos, las pasiones, los desgarramientos y las disyuntivas tremendas exigían elaborar buenas preguntas y poseer instrumentos de pensamiento. Fue ahí que descubrí que era indispensable pensar y crear. Pronto me entusiasmó, pero enseguida me mostró sus complicaciones: había más de una perspectiva marxista. La necesidad de ser guevarista vino varios años después, cuando mi país se había visto obligado a recortar su proyecto, el más ambicioso proyecto de liberación que conocí, y arriar provisionalmente la bandera de la herejía. En 1967, Fidel y el Che, siempre tan juntos, dijeron cosas para mí muy importantes, con dos días de diferencia. El día 8, el Che, martirizado por el asma y con la guerrilla en una situación muy difícil, le dijo a sus compañeros: “Este tipo de lucha nos da la posibilidad de convertirnos en revolucionarios, el escalón más alto de la especie humana”. El 10, Fidel dijo en la Conferencia de OLAS que era inevitable que dentro de la revolución existieran ideas más revolucionarias e ideas menos revolucionarias. En los ’70, ser guevarista era una manera eficaz de asumir aquella actitud y aquellas ideas que ellos habían planteado, y era una nueva forma que podía tener el Che de ayudar a Fidel. Porque, además del ejemplo, de ahora en adelante el aporte mayor del Che era su pensamiento, un arma formidable que sigue siéndolo ante los problemas de hoy del futuro. En el páramo de los primeros ’90, regresó la imagen del Che, porque había una necesidad desesperada de no entregarse a los cerdos y de que se pudiera al menos hablar con respeto de ideales. Hoy, la situación en América latina ha cambiado bastante en sentido favorable, y tanto estudiosos como activistas, movimientos y líderes sociales y políticos se interesan en las ideas del Che, y hasta lo estudian. Pero todavía falta mucho por avanzar en la recuperación de su concepción marxista revolucionaria, que, sin embargo, es más necesaria que nunca como aporte fundamental del Che, ante los desafíos actuales y del futuro cercano.

–En los tempranos años de la Revolución, usted, desde su militancia y accionar intelectual, luchó enérgicamente contra el dogmatismo desde múltiples espacios, como la revista Pensamiento Crítico. Hace unos años, el presidente Raúl Castro expresó que “hay que romper dogmas con el propósito de sentar las bases de la irreversibilidad y el desarrollo del socialismo cubano”. ¿Cuánto laceran los dogmas al socialismo, en particular al proceso cubano?
–El socialismo siempre es una apuesta a favor de lo que el sentido común y el orden vigente consideran imposible, mientras que los dogmas consideran intangible al orden y a todo lo que existe. Aunque en sí mismo es sinónimo de conservadurismo, el dogma es en el socialismo una avanzada de contrarrevolución. A su sombra se desarrolla el poder de grupos que expropian al pueblo su poder y al sistema sus mejores características, y es un denominador común de clérigos, oportunistas y aprovechados. Lo peor es que lo esencial para la época que llamo de transición socialista es el predominio de cambios culturales creadores en todos los sentidos, sucesivos y simultáneos, mientras que el dogma hace creer que se puede conquistar una vida, una manera de pensar y sentir y una sociedad nuevas mediante la utilización de la cultura existente. Pero como el signo dominante de ésta es el capitalismo –una cultura que ha sido capaz de universalizarse y de unir eficacia y atractivos–, esa cultura va anegando, invadiendo sordamente, hasta que se apodera de las instituciones y de la sociedad, y se retorna al capitalismo. Ningún régimen de transición socialista está a salvo de ese peligro mortal, Cuba tampoco. Pero nuestro país tiene muchos elementos a su favor para enfrentarlo y vencerlo, que ha acumulado durante más de medio siglo. Raúl ha combatido desde muy joven por la causa del socialismo cubano y ha sido uno de los protagonistas de esta experiencia. Por eso es que tiene la lucidez y la determinación que le permite hablar, a esta altura, de “sentar las bases de la irreversibilidad y el desarrollo del socialismo cubano”.

–Lo anterior lleva irremediablemente a preguntarle sobre la actualidad cubana. En especial por las nuevas transformaciones del modelo económico que se están implementando en el país y que reciben ataques y al mismo tiempo alabanzas desde todos los flancos. Por mencionar dos extremos, desde la derecha dicen que es sólo un barniz a una revolución estancada en los años ’60, mientras que comunistas a ultranza señalan que se coquetea con el capitalismo. O sea, parafraseando el título de uno de sus libros… ¿cambiaron los desafíos del socialismo cubano?
–En cuanto a la actualidad cubana, opino que continúa vigente la unidad política revolucionaria, que es algo fundamental. Y, dentro de ella, continúan las tensiones y contradicciones entre las perspectivas diferentes dentro del socialismo que han caracterizado a nuestro proceso. Para conocer y comprender a la Revolución Cubana suele ser necesario traducir o echar a un lado una masa de desinformaciones, tergiversaciones, proyecciones que retratan más al que opina o informa que a Cuba, y también no limitarse a buenos deseos. Ya más libre, se puede constatar que sigue en pie una realidad: la revolución socialista de liberación nacional ha logrado desarrollar, defender y mantener una sociedad de transición socialista basada en el imperio de la justicia social, la plena soberanía nacional, el patriotismo y una cultura compartida de que el poder y la economía deben servir al pueblo. Hace veinte años quedó claro que Cuba no era un caso más de lo que llamaban “socialismo real”. Pero hoy también está claro que las revoluciones socialistas del llamado Tercer Mundo han encontrado barreras colosales para profundizar sus procesos, porque en el mundo predomina un sistema capitalista hipercentralizado, que tiene tales fuerzas y debilidades que sólo puede existir tratando de imponerse o articularse en todas partes. Esa realidad no impide que se formen nuevos poderes populares que avancen por el camino de la liberación y el socialismo, pero sí puede condicionarlos. Lo mismo le sucede a Cuba, aunque, repito, tiene muchas fuerzas y características a su favor. Por eso es fundamental que conozcamos bien los datos de la economía cubana y los externos que influyen en ella, las estrategias y las políticas en curso o que podrían adoptarse, y las decisivas implicaciones sociales, y finalmente políticas, que tendrán. Y que discutamos todo libremente, incluidas nuestras discrepancias, como ha pedido el compañero Raúl. Me permito reproducir aquí dos párrafos de la introducción a mi libro Las ideas y la batalla del Che, escrita hace poco más de dos años, para concluir con una opinión personal sobre este tema crucial: “Resulta meridianamente claro que el factor subjetivo tiene que ser el determinante en la transición socialista cubana. Sería criminal no utilizar el inmenso potencial que el país ha acumulado en el campo del conocimiento, la politización, el manejo de las técnicas y la conciencia. El número y la calidad de personas capaces y conscientes es superior a los demás datos de recursos, y su utilización constituye sólo una fracción de lo esperable: trabas enormes y muchas veces absurdas lo impiden. Si conseguimos viabilizar la utilización de nuestras fuerzas, podríamos aumentar sensiblemente la producción, los servicios, la eficiencia, el buen gobierno, la resolución de los problemas, el enfrentamiento de las carencias, y optimizar el empleo de los recursos con que contamos. No es necesario ningún recurso material para ser solidario y ser fraterno, para aprender a no vivir del esfuerzo ajeno o de espaldas a lo que el país necesita. Exigir laboriosidad y retribuir el trabajo son dos tareas que pueden hacerse desde posiciones muy diferentes, incluso opuestas. El capitalismo ha experimentado todos los usos de la coacción y el dinero para lograrlo, y todas sus combinaciones. La transición socialista –se entiende muy bien en El socialismo y el hombre nuevo en Cuba– tiene otros puntos de partida para hacer cumplir esas exigencias. El socialismo utiliza el salario y algunas otras categorías provenientes del capitalismo, pero no se somete a ellas. Y jamás puede hacerlo separándolas del mando del poder popular revolucionario sobre la economía. Los aprendizajes del mundo del trabajo tienen que articularse íntimamente con los de la educación de los niños y los jóvenes, con la formación moral –por ejemplo, para qué trabajar, por qué debemos servir a los demás como nos sirven a nosotros–, con un trabajo de los medios de comunicación social que realmente esté a favor de la formación socialista y preste servicio al pueblo, con un medio político que sea vehículo de la participación popular, una unión de gobierno y servicio, un lugar donde sean bienvenidas las iniciativas y las creaciones. La economía es demasiado importante para que el pueblo no participe decisivamente en sus decisiones”.

–En algunas ocasiones se le ha escuchado decir que “para luchar hoy por la sostenibilidad del mundo, hay que ser anticapitalista”. ¿A qué se debe tal aseveración?
–A dos razones, por lo menos. Primera, lo que llaman sostenibilidad debe ser ante todo que se sostenga la vida de todos, que se acabe el hambre, la desnutrición, la falta de luces y oportunidades que padecen cientos de millones de personas, y que el bienestar, el empleo y la vida dignos, la niñez y la vejez seguras, los servicios sociales, el respeto a las diversidades y la convivencia real entre los diversos, el buen gobierno, la autodeterminación de los pueblos y la soberanía nacional y popular sean universales. Segunda, el funcionamiento de lo que ha llegado a ser el capitalismo en su desarrollo monstruoso le exige oponerse activamente y negar todo lo que acabo de relacionar, sin excepciones, y le exige robar los recursos a escala mundial, muchas veces a mano armada, destrozar ambientes, depredar el planeta, promover consumos ingentes y sofisticados al interior de sus mercados de los incluidos, incrementar a niveles récord las desigualdades y sostener un sistema totalitario de información, formación de opinión pública y de gustos, que reduce a las personas y los pueblos a mero público. Se podrían listar unas cuantas razones más. Frente a esas terribles realidades, contamos con dos fuerzas principales a favor de las personas y los pueblos. Una, los colosales adelantos en prácticamente todos los campos científicos y sus correlatos técnicos y de otros tipos, en un arco gigantesco que va desde la vida, el cuerpo humano y su salud hasta el cosmos, en las capacidades de generar medios que satisfagan las necesidades y proporcionen bienestar y satisfacciones a todos. Dos, un siglo de acumulación cultural de prácticas, ideas y sentimientos que permiten fundamentar todas las resistencias y las rebeldías, proyectar movimientos y estrategias eficaces de liberación de todas las dominaciones y de creación de nuevas maneras de vivir y de organización social, y prefigurar un mundo nuevo y una vida nueva, la utopía bien entendida, que es el más allá posible de convertir en realidades mediante las praxis conscientes y organizadas. Por eso creo neceario, imprescindible, obrar en consecuencia.

Fuente: Miradas Al Sur
Edición número 247. Domingo 10 de febrero de 2013