domingo, 25 de marzo de 2012

“Hoy existe madurez en la sociedad argentina producto de 30 años de democracia”

Así lo sostuvo el vicegobernador Gabriel Mariotto al retirarse de la sesión extraordinaria realizada hoy en conmemoración de un nuevo aniversario del Golpe cívico – militar iniciado el 24 de marzo de 1976. Además aseguró que se avanzará en los juicios a civiles por su accionar en la dictadura.

Tras concluir la sesión extraordinaria al cumplirse 36 años del golpe militar de 1976 el vicegobernador Gabriel Mariotto sostuvo que: “hay una madurez en la sociedad argentina producto de 30 años ininterrumpidos de democracia. Y a partir de 2003, la llegada de Néstor le dio una condición al ejercicio de la institucionalidad: con memoria, verdad y justicia”.
Además, reveló que: “Néstor Kirchner fue tentado por el ex presidente Duhalde a dictar leyes de olvido y el dijo, “no lo haga usted, déjemelo a mí, así me gano ese reconocimiento del establishment”. Y agregó: “Néstor sabía que tenía que ganar tiempo porque la única forma de reconstruir la democracia es sobre la verdad y la justicia. A partir del 2003, con una democracia efectiva, la Justicia pudo llevar adelante los juicios y con la justicia civil, no hay tribunales AD HOC sino que es la misma justicia la que lleva adelante la búsqueda de la verdad. La actitud de Néstor fue fundamental pero él es producto de esos años de madurez y de tragedia que vivió la Patria, por eso hoy todos los bloques han tenido palabras de reconocimiento a este tiempo de respeto integral a los derechos humanos.”
En referencia al enjuiciamiento a civiles cómplices de la dictadura, como sucedió en el juicio por la muerte de Carlos Mercado, el vicegobernador enfatizó: “no me cabe duda que se avanzará en los juicios a todos los lugares de la Provincia para que también la complicidad civil tenga que rendir cuentas ante la Justicia. El ejemplo que planteaba la senadora Gainza, de Olavarría ha sido muy claro: en el juicio a los asesinos del abogado Moreno, también se involucró a los dos civiles que fueron funcionales a la represión. Eso que ocurrió en el centro de la Provincia de Buenos Aires, también se ha repetido en otros lugares de nuestra Provincia y por eso la justicia civil va a actuar en consecuencia, se va juzgar hasta las últimas consecuencias las responsabilidades de los crímenes de la dictadura”.
Cabe destacar que la senadora María Isabel Gainza se refirió en su alocución a la sentencia dictada el pasado 16 de marzo por la muerte del abogado asesinado durante la dictadura por defender a trabajadores de Loma Negra. Así, fueron condenados a prisión perpetua por el asesinato de Moreno los coroneles retirados Julio Tommasi y Roque Pappalardo y al suboficial José Luis Ojeda. Además recibieron una pena de 11 y 15 años los hermanos Emilio y Julio Méndez, que cedieron su chacra para que se use como centro clandestino.
Preguntado sobre la creación de la policía judicial, en relación a los elogios a la propuesta del legislador Saín durante la sesión extraordinaria, Mariotto sostuvo: “todos los avances en materia legislativa que estamos abordando en las Cámaras van a ser importantes. La Policía Judicial, el desdoblamiento de la Procuración, transparencia en el Consejo de la Magistratura y que funcione la secretaría de jury y de enjuiciamiento, todo de cara a la sociedad, todo lo que podamos aportar en transparencia y en institucionalidad va a ser clave para ampliar el horizonte de nuestra democracia”, indicó.
A su vez, se refirió acerca del Foro para el debate por la creación de la Policía Judicial del miércoles pasado en San Martín: “ha sido muy rico, más de 62 exposiciones verbales le han dado una solidez al proyecto que se va repetir en las siete foros restantes en la Provincia de Buenos Aires así que entendemos que cuando se vote la Policía Judicial, o como se llame, porque también hubo propuestas para cambiarle el nombre, va a ser una herramienta para garantizar seguridad, precisión en las investigaciones y no connivencia. La connivencia entre las fuerzas policiales, el delito, la justicia y la política es un problema que esta legislatura en función de los proyectos que vienen del Ejecutivo va a abordar con mucha responsabilidad”, explicó.

Fuente: Agencia Periodística de Buenos Aires
http://www.agepeba.org/

martes, 20 de marzo de 2012

1º Foro para una Seguridad Democrática

imagenforo_web Será este miércoles 21 de marzo en la Universidad de San Martín y marcará el inicio de los foros de debates que impulsa el vicegobernador Gabriel Mariotto.
El debate del proyecto de creación de la Policía Judicial dará comienzo el 21 de marzo próximo en la Universidad de San Martín, los Foros de participación sobre Políticas Públicas en la Legislatura de la Provincia, anunciados oportunamente por el Vicegobernador Gabriel Mariotto.
Será el inicio de la metodología para discutir todas las iniciativas parlamentarias que por su relevancia merezcan la participación de la sociedad en su conjunto como complemento del debate estrictamente legislativo.
En ese marco, a partir de las 14 hs en el Salón de Actos de la sede de la Universidad de San Martín (Avenida 25 de Mayo y Francia, San Martín) organizado por la Legislatura bonaerense, es decir por las cámaras de Senadores y Diputados en conjunto, funcionará el primer Foro para una Seguridad Democrática a fin de debatir el proyecto de creación de la Policía Judicial, atendiendo a la necesidad de permitir y promover la efectiva participación ciudadana en el proceso de debate de los proyectos de ley propuestos.
Los participantes podrán ampliar sus propuestas y sugerencias mediante la entrega de documentos en soporte papel (en la mesa de acreditaciones del Foro) y/o digital a foropoliciajudicial@senado-ba.gov.ar, los interesados en asistir podrán inscribirse al mismo mail consignando los siguientes datos: Nombre y Apellido, teléfono, correo electrónico, representación  institucional.
 Programa de la actividad:
 13:30 hs: Acreditaciones – Inscripción de oradores
 14: 00 hs: Apertura del “Foro para una Seguridad Democrática”
 15:00 hs: Plenario de debate
 19: 00 hs: Acto de cierre del Foro de Participación

Fuente: Corriente por una Comunicación Nacional y Popular
http://www.corrientecnp.org.ar/

jueves, 15 de marzo de 2012

La política es despiadada

 

Seremos sometidos en forma creciente a más y más profundas acciones encubiertas de comunicación social, con un objetivo central: la búsqueda desesperada de dificultades y “realidades” sobre las cuales cabalgar para limar el fuerte consenso social que las urnas de octubre le dieron a la presidenta,
Por Víctor Ego Ducrot (*) / La frase del título no es mía, pertenece a uno de los más activos empleados “modelo” de la palabra al servicio del Grupo Clarín. La escribió Julio Blanck el pasado día 9, en el contexto de una diatriba contra el gobierno nacional, en particular contra el vicepresidente Amado Boudou; y tanto ella, la frase en cuestión, como el último párrafo del artículo en la que quedó estampada constituyen suficientes ejemplos de la dialéctica discursiva de los medios dominantes, los cuales no ahorran ni en confesiones.
Al definir así la práctica política, esos medios se ubican en el centro del escenario “despiadado” y lo alimentan; y cuando el “todo terreno” de Magnetto de marras cierra el texto que comentamos (“A Boudou lo están dejando solo y nadie derrama una lágrima por él”) con la frase “el mal momento de Boudou puede ser transitorio y en algún tiempo quizás zafe de la investigación judicial y recupere su espacio”, admite que la colección de títulos en primera plana, informaciones recortadas y “sesudos análisis” sobre las supuestas vinculaciones non sanctas del vice con la empresa Ciccone no es otra cosa que una operación: no importa lo que finalmente corresponda a la realidad, lo relevante es la “realidad” que se construye desde un dispositivo comunicacional que es más perverso que despiadado; la “realidad” que le sirve a sus demiurgos, en este caso a la corporación mediática, que continúa como cabeza visible de toda estrategia antigubernamental.
“En otra época darían miedo, ahora dan pena”, dijo el lunes último la presidenta Cristina Fernández de Kirchner respecto del “tufillo antisemita” y nazi a lo Menguele que percibió en dos artículos recientemente publicados por Clarín y La Nación con la intención de denostar e insultar a La Cámpora y al secretario de Política Económica, Axel Kicillof, con una semántica propia de la bandas parapoliciales, de las patotas y de los grupos de tareas de la dictadura.
Comparto la sensación que tuvo la presidenta y que la llevó a decir lo que dijo. Sin embargo quizá también sea útil señalar que esos derrapes o incontinencias textuales, en las que incurren con tanta frecuencia Clarín y La Nación y otros medios que pertenecen por intereses o aspiraciones a la misma corporación hegemónica, no son consecuencia del exabrupto ni mucho menos de cierto tipo de exaltación patológica. Lamentablemente, expresan el posicionamiento político e ideológico de sus autores y mandantes empresarios; y no digo esto porque acaso algunos de los empleados “modelo” más representativos de uno y otro diario –Eduardo Van Der Kooy y Joaquín Morales Solá son claros ejemplos– hayan estado íntimamente ligados a los dictadores, el primero como joven destacado por Videla y el segundo en el medio de “giras periodísticas” organizadas por ciertos jefes militares que resultaron probados criminales de lesa humanidad.
Esa matriz reaccionaria de los medios dominantes y de sus sirvientes textuales es profunda y aunque parezca trasnochada y sus portadores hayan cumplido con una cuidadosa gimnasia de años para encubrirla o disimularla, sigue latente, se transmite a los más jóvenes mediante mecanismos de reproducción a veces explícitos y otras automáticos, y explica la predisposición ideológica y psicológica con que cuentan para ser militantes contra un gobierno como el actual, que hace memoria e impulsa justicia pero que por sobre todas las cosas intenta enormes esfuerzos destinados a revertir la base material, el sustento económico del país fascista, neoliberal o gorila, elijan ustedes la categoría.
A título de supuesto descargo para los portadores periodísticos de semejante lacra cultural debería recordarse que no están solos; huevos de serpiente anidan en ámbitos de la actividad privada y pública. Convivimos con empresarios que añoran los tiempos de la impunidad o de su versión “democrática”, conocida como neoliberalismo, y aún cuesta, y mucho, sacudir la mata sobre la cual habitan algunos políticos, funcionarios y agentes de los organismos de seguridad y de la justicia.
Por ejemplo, hizo falta mucha templanza institucional por parte del Senado de la provincia de Buenos Aires para que esté próximo a ser anunciado quiénes conformarán la comisión de juicio político del fiscal jefe de Morón, Federico Guillermo Nieva Woodgate, protegido por la procuradora general bonaerense, María del Carmen Falbo, pese a que el acusador del Oeste no sólo fue designado por la dictadura sino que pesan sobre él importantes denuncias acerca de su complicidad con crímenes de lesa humanidad. Una similar energía política en la Cámara Alta de la Legislatura provincial se necesitó para la creación de una comisión investigadora del denominado “caso Candela”, considerado según innumerables denuncias como un hecho testigo de complicidades entre el narcotráfico, la política y “la Bonaerense”; por supuesto que Nieva Woodgate actuó en el centro mismo de las investigaciones respecto del asesinato de la niña Candela Rodríguez, aún en las tinieblas.
Esa “política impiadosa” que tanto abonan, riegan y ejercen los medios dominantes no se practica en forma espontánea y casual; no es cuestión de ingenuos ni mucho menos de improvisados. Sus ejecutores trabajan sobre diseños preconcebidos y apelan a diversos instrumentos, casi siempre en términos de precisión relojera. Veamos por caso lo que sucede sobre el tablero político de la Ciudad de Buenos Aires, que, vale la pena recordarlo, es la Capital Federal.
Más allá de la impericia y hasta de cierto gesto bobalicón de su intendente, el ingeniero Mauricio Macri, este actúa y se mueve dentro del esquema impiadoso de los monopolios comunicacionales, los cuales han dispuesto sobre él un verdadero blindaje mediático desde el cual “la esperanza blanca”, como lo llaman en silencio, ya lanzado en campaña para 2015, pueda crear escenarios permanentes de crisis y malos humores ciudadanos, buscando que los mismos se direccionen no hacia su gestión sino hacia el gobierno nacional.
Esa “operación Macri”, por denominarla de alguna manera, reconoce un contexto más amplio. Los habitantes de este país y usuarios cautivos de la corporación mediática hasta que la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual pueda aplicarse en su totalidad, serán sometidos en forma creciente y en las próximas semanas a más y más profundas acciones encubiertas de comunicación social, con un objetivo central: la búsqueda desesperada de dificultades y “realidades” sobre las cuales cabalgar para limar el fuerte consenso social que las urnas de octubre le dieron a la presidenta, condicionar sus pasos, descalificar su prácticas tendientes a cumplir con el principio enunciado de un gobierno que no quiere gobernar para las corporaciones sino para los 40 millones de argentinos, entorpecer su política de conformación de cuadros técnicos y políticos jóvenes que puedan darle continuidad al proyecto que encabeza.
En pocas palabras más, para llevar el país al pasado; y con ese propósito no ahorrarán municiones.
(*) Texto publicado por el diario Tiempo Argentino.
Fuente: Agecia Periodística de Buenos Aires

miércoles, 7 de marzo de 2012

Solidaridad y convergencia

Marta Riskin sostiene que, apoyadas en la llamada convergencia tecnológica, las corporaciones expresan tolerancia por la diversidad cultural y la democracia distributiva, pero desalientan el diseño de productos y limitan la distribución de contenidos.

Por Marta Riskin *
Pocos años atrás, la publicación de una foto requería el largo viaje del negativo hasta el destino final de su procesamiento gráfico. Hoy, el periodista toma la foto y su propia cámara la envía por Internet inalámbrica, nodos de fibra y la metafórica red de La Nube hasta cualquier rotativa digital, en las antípodas y a la velocidad de la luz.
En el mundo digital, casi todo puede transformarse en datos y transportarse a través de la gigantesca urdimbre de fibras submarinas que entreteje al planeta; una infraestructura instalada por los mismos grupos que, en los ’90, concentraron los recursos y las comunicaciones mundiales.
Por aquel entonces, la expansión del capitalismo neoliberal imponía la interconexión de múltiples tecnologías para que navegaran las redes económicas, comerciales y financieras. También las sociales y académicas. Los preparativos tecnológicos e ideológicos no estuvieron desvinculados de la privatización de las empresas de telecomunicaciones ni de la desregulación del mercado.
Mientras asistíamos a la reiteración pavloviana de consignas acerca de la congénita corrupción e ineficiencia local (supuestamente inexistente en los países centrales) y abiertos al discurso que proponía la universalidad del conocimiento y la información, se decretaba la ausencia del Estado y los monopolios internacionales se hacían de la infraestructura de las redes y los mercados de Latinoamérica.
Hemos olvidado que las categorías de “Sociedad de la información” y “Sociedad del conocimiento” fueron oportunamente propagadas desde los grandes centros de difusión de cultura mundial a nuestras universidades, profesionales y empresarios; y vendidas por los mismos oligopolios multinacionales que definieron las normas, implantaron las herramientas y sometieron contenidos y productos de las redes convergentes de comunicación al, aparente, libre arbitrio del mercado internacional.
La convergencia fue el soporte conceptual de las herramientas de concentración del poder.
Al presente, sobre la ideología de la “convergencia tecnológica”, las corporaciones mantienen el control de la cadena de producción. Tanto de la generación y distribución de contenidos como acerca de las definiciones técnicas de las terminales –televisor, computadora, celular, tablet, Ipod– del usuario.
Continúan expresando tolerancia por la diversidad cultural y la democracia distributiva, pero desalientan el diseño de productos y limitan la distribución de contenidos orientados a las necesidades nacionales.
La claridad conceptual permitió al Estado argentino estimular la distribución de la tecnología hasta convertirla en solidarias y convergentes políticas públicas. El cambio de rumbo comenzó por el último eslabón de la cadena, ya que los medios de comunicación son los accesos más populares en la sociedad de la convergencia; pero el Poliedro Tecnológico Argentino, cuya semilla debemos, entre otros, a Jorge Sabato, continúa su crecimiento.
El Poliedro Tecnológico Argentino cuenta con el marco jurídico de la ley de medios audiovisuales y está constituido por la Televisión Digital Abierta, que permite acceso gratuito de contenido audiovisual y digital, Argentina Conectada como columna vertebral de la red de fibra nacional, la red de terminales educativas de Conectar Igualdad, el Bacua como reservorio de contenidos y, además, permanece abierto para que se sumen nuevos recursos, iniciativas y aplicaciones.
Sin embargo, como en un cuadro de Caravaggio, los avances del nuevo paradigma iluminan oscuridades. Así, mientras renace el prestigio social del conocimiento, incluido el científico-tecnológico, la práctica cotidiana sorprende a profesionales, jóvenes o viejos, que privilegian comodidades e intereses personales a su propia independencia creativa. O el dominio sobre los recursos soberanos y el diseño de ingeniería que requieren la incorporación y el aporte de trabajadores, empresarios y empleados, privados y estatales, con vocación mayoritariamente productiva; descubre a algunos, intimidados por décadas de desesperanza y sillas rotas.
Frente a quienes dedican ingentes esfuerzos al beneficio de las mayorías, otros subrayan exclusivamente las carencias históricas y los innegables, e incluso dramáticos, cambios pendientes, sin aportar solución alguna.
La cultura de la especulación aún compite con la cultura de la producción. Habitamos un presente con deudas del pasado, pero conciencia de memoria.
Si como decía el premio Nobel Ilya Prigogine, “el futuro es la dirección en la cual aumenta la entropía”, el desafío de la convergencia solidaria habrá de enunciarse en primera persona, desde el singular al plural.
* Antropóloga UNR.

Fuente: Página/12
Edición de 7 de marzo de 2012

viernes, 2 de marzo de 2012

Clarín y el discurso de Cristina, o la canallada de Magnetto y sus esbirros de la palabra

Los medios del Grupo no fueron los únicos en desinformar a la sociedad respecto del discurso de la presidenta en el Congreso, pero lo publicado entre ayer a la tarde y esta mañana en la página digital del diario es un ejemplo salvaje de manipulación. ¿La técnica elegida?: la descontextualización. No se privan del insulto vil ni de la descalificación.
Por Víctor Ego Ducrot / Veamos el título de primera plana según aparece hoy en la opción Edición Impresa del sitio Web del diario: “Cristina atacó a Macri, pero la Policía volvió al subte”. La primera afirmación utiliza el verbo atacar, el cual remite a una supuesta agresión original cuando, en realidad, la presidenta Cristina Fernández de Kirchner criticó una decisión administrativa y política del intendente de la Capital Federal , con dureza sí, y hasta con ironías, aunque sobre todo con argumentos técnicos, como jefa de Estado, como abogada y como militante política.
Sin embargo, lo más curioso de ese título es la utilización de la palabra “pero”, con la intención de referir a una inexistente contradicción en los actos y discursos de Cristina. El título en cuestión oculta el contexto,  por qué, la presidenta decide y anuncia, en su misma alocución, que instruiría al ministerio de Seguridad para prorrogar por 30 días las prestaciones de la Policía Federal en la red de subterráneos capitalinos.
En la misma página puede leerse otro título sintomático de la aviesa técnica desinformativa utilizada por la corporación mediática que supo ser cómplice de los crímenes de lesa humanidad cometidos por la dictadura: “UNA SEMANA DESPUES DE LA TRAGEDIA DE ONCE QUE DEJO 51 MUERTOS. Trenes: Cristina justificó la falta de inversión y defendió su política”.
Las referencias de la presidenta a la cuestión ferroviaria, según consta en el texto de su discurso de ayer, aluden al marco histórico, las condiciones políticas y económicas que el país vivió en las últimas décadas respecto de sector; pero Clarín desliza que la jefa de Estado justificaría la falta de inversiones por parte de la empresa TBA; y, lo que es mucho más grave, incluye la infamia de tratar de convertir a esa inexistente afirmación como casi encubridora de la tragedia de la estación Once.
La idea no es saturar al lector con más títulos ejemplos. Sí añadir que, si se entiende que los comentarios de los usuarios a los artículos cargados en los sitios digitales de los diarios, por analogía, son equiparables a las viejas cartas de lectores de la prensa escrita, las cuales circulan bajo responsabilidad último de la empresa periodística; Clarín debería explicar por qué, en su sitio Web, ayer a las 20.56, se podía leer el siguiente comentario: “CALLATEEEEEEEEEE VIUDAAA NEGRAAAA VIL Y FALAZZZZZ!!!!!! CÓMO TE DA LA CARA PARA SALIR SIQUIERA EN LOS MEDIOS, RODEADA DE TUS SECUACES, DELINCUENTES DE QUINTA”.
Ese es el periodismo del Grupo Clarín y de la corporación mediática hegemónica de la Argentina
Fuente: Agencia Periodística de Buenos Aires
http://www.agepeba.org/

lunes, 20 de febrero de 2012

El retorno de Malvinas

 Artículo para Aluvión Popular

En torno al histórico reclamo de la soberanía argentina sobre las islas Malvinas se anudan una serie de cuestiones de la máxima importancia. Aunque dicho reclamo nunca desapareció del todo, sí es cierto que existió una fuerte y perdurable campaña de “desmalvinización”, que tendió a asociar guerra, dictatura y Malvinas. En el reciente acto encabezado por la Presidenta Cristina Fernández de Kirchner ese núcleo duro de la construcción hegemónica conservadora fue desmenuzado. La Presidenta anudó claramente soberanía con democracia, en un horizonte general de memoria, verdad y justicia. Con ello se le quita sustento a la burda operación imperial que busca deslegitimar permanentemente el reclamo argentino con la referencia a la última dictadura militar. Y sobre todo, se recrean las banderas históricas del movimiento nacional (que engloba por supuesto a la causa Malvinas) con las resonancias de las tareas pendientes y los desafíos siempre renovados de construir un país justo, libre y soberano. El pueblo es el sujeto de la soberanía política y la soberanía nacional, por eso no podrá ya disociarse el eje democracia /soberanía.
Por cierto, la causa Malvinas no involucra solamente a nuestro país como damnificado por el colonialismo británico. Es un problema de soberanía y seguridad para toda la región. Y ésta cuestión resulta cada vez más clara para ciudadanías y gobiernos latinoamericanos. El apoyo activo de otros Estados de la región no es solo plataforma diplomática en la puja con el Reino Unido, sino una de las facetas del actual proceso de integración y unidad latinoamericanas. No es casual que esas muestras activas de solidaridad (que conocen antecedentes importantes de todos modos) se manifiesten en una época histórica marcada por la construcción de UNASUR y la constitución de la CELAC. Por cierto, este es camino complejo, azaroso y a largo plazo. Como lo será nuestra lucha por la reivindicación de la soberanía territorial y por una descolonización integral. Por eso, hoy más que nunca, Malvinas es una causa Latinoamericana.
Ha quedado establecido claramente también, en las palabras de la Presidenta y en el curso de acción del Estado argentino, el carácter predominantemente diplomático en la concreción del reclamo argentino. Es parte de la apuesta sudamericana para la construcción de una región de democracia y paz, como una de las razones de ser de UNASUR. Es también una crítica al belicismo inmanente al neocolonialismo global, como se evidencia en Medio Oriente y otras regiones del mundo en las cuales “intervienen” los países metropolitanos, especialmente EEUU (por cierto, Inglaterra suele participar en esas “aventuras” asociada al gigante del Norte). La opción por la democracia y la paz en nuestra región latinoamericana no solo expresa el anhelo común de los pueblos, sino una acción inteligente y realista de defensa soberana. El conflicto armado abierto, la lucha “antiterrorista”, la guerra de baja intensidad y otras formas igualmente bélicas son una de las herramientas fundamentales del neocolonialismo global para “quebrar” las resistencias de los países periféricos, asegurar la preeminencia del Norte en una etapa caracterizada por la crisis económica global, y sustentar la anti utopía de un mundo gestionado como un “mercado” (lo que requiere un “gendarme” por supuesto). La mayor influencia estadounidense en la región (como vemos en el caso de Colombia y ahora también de México) está asociada a una fuerte conflictividad interna, que desmadra en violencia armada. No es casualidad.
Pero la lucha contra el colonialismo y por la paz no es solo algo que involucra a esta región, sino que, como mencionamos antes al aludir a la intervención metropolitana en Medio Oriente y los países árabes, es una problemática global. Por eso recibimos el apoyo de otros países como China. Por eso también nuestra Presidenta reseñó la cantidad de enclaves coloniales desparramados por el mundo (con un importante “protagonismo” británico). Por supuesto, todo esto debe enlazarse en un horizonte general de la búsqueda de un orden mundial más igualitario, pues se sabe que un enclave con ocupación militar directa no es la única forma de colonialismo. Nuestro país, de la mano de la actual administración nacional, ha tenido una presencia destacada en los foros internacionales poniendo de relieve la necesidad de disminuir las asimetrías internacionales y reivindicando el derecho de los pueblos del Sur a un orden más justo. Por lo tanto, no puede llamar la atención este posicionamiento del Estado argentino en la cuestión Malvinas, ni la importancia que adquiere en el llamamiento gubernamental. No es recurso amañado de último momento, ni cobertura para otras cuestiones como parecen insinuar las usinas de operaciones mediático-políticas de los grandes monopolios de la comunicación. Las empresas mediáticas que fueron cómplices de la dictadura genocida no parecen las plataformas más adecuadas para las referencias manipuladoras a Galtieri. Falta honestidad intelectual en sus operadores, y también patriotismo. El viejo Jauretche tenía reservada una palabra para estos exponentes de la Argentina colonial.
Más serias intentan presentarse las alusiones a la “autodeterminación de los pueblos”, curiosas en la boca del imperio británico y de algunos “comunicadores” argentinos. Indudablemente, la autodeterminación de los pueblos es una de las nociones centrales de las luchas liberacionistas y antiimperialistas del siglo XX. Y debe ser hoy también uno de los pilares necesarios de un orden mundial más justo e igualitario. La autodeterminación de los pueblos no es amenazada ni violada por países como Argentina, sino por el club de los poderosos del mundo. Las patéticas expresiones del gobierno inglés al respecto moverían a risa si no hubiera algún despistado local también. La autodeterminación de los pueblos está vinculada a las luchas de los pueblos y naciones sometidos por diversos colonialismos históricos, a la reivindicación de un Estado propio por aquellas comunidades identificadas que no solo carecen de autogobierno y control de los territorios en los que están asentadas, sino que son sometidos a formas de dominación política, violencia y explotación por nacionalidades dominantes que sí controlan un propio aparato estatal. Esa dominación sobre distintas poblaciones a lo largo y ancho del mundo es herencia de la expansión capitalista-moderna a partir del siglo XVI, y se sustentó en diversas formas de estigmatización étnico-racial, de infravaloración cultural, y de explotación económica. Nada de eso se presenta en la población “kelper”. Los kelper no son una comunidad originaria sojuzgada en el ciclo moderno de la expansión colonial. Tampoco son una población que reivindica su soberanía estatal frente al poder político-estatal-militar-económico efectivamente dominante en el territorio que ocupan (¡que no es Argentina sino el Gran Bretaña!), sino que se reivindica parte del Reino Unido, súbditos de la Corona, y base del poder naval-nuclear del imperio. Es decir, nada que ver con la autodeterminación de los pueblos. Todo esto, no va en desmedro del respeto como personas de la población kelper. Pero sí va dirección a la justa aclaración de los términos y de la precisión de las cuestiones que están en juego: la actual población isleña no puede definirse como una etnia, un pueblo o una nacionalidad oprimida, sino que es parte de la población colonizadora y se reivindica súbdito de  la Corona. Aclarar la discusión es parte de la secular lucha por la soberanía territorial de nuestra Argentina.


Germán Ibañez  

sábado, 11 de febrero de 2012

El “ajuste” y los usos del lenguaje

El lenguaje, ese misterio que nos atraviesa de lado a lado, construye nuestra relación con el mundo y define los núcleos esenciales de nuestra vida social. Las palabras configuran, como si fueran la materia prima de un caleidoscopio, la espesura de una realidad que no se deja decir de una sola manera, del mismo modo en que cada letra o cada signo del lenguaje guarda, en su interior enigmático, lo diverso y caudaloso, aquello que impide la unilateralidad o el monolingüismo que se cree portador de la única manera de decir el mundo. Por eso el idioma ha sido un extraordinario campo de querellas, litigios y disputas allí donde la configuración del “sentido” de las cosas otorga un poder siempre anhelado. El lenguaje, entonces, como lo que brota de los rincones más recónditos de la psique humana entrelazándose con los ejercicios que habilitan los vínculos intersubjetivos y les dan forma a los distintos mecanismos sociales de los que emanan las más diversas estructuras del dominio, la fraternidad, la violencia, la sospecha, la esperanza, el odio y el amor. Sin el entrelazamiento fabuloso de las palabras que dan lugar al habla no habría, sencillamente, ninguna de todas estas vivencias sin las cuales nada de lo humano siquiera podría comprenderse.
Por eso, y dicho una vez más, el lenguaje imprime sentido a nuestra manera de entender la realidad, pero no lo hace de una manera neutra y objetiva, como si fuera un acto virtuoso en el que cada uno de los hablantes sólo dice, a través de la palabra pronunciada, la verdad del mundo. El lenguaje, que nos toma de sorpresa cuando rompe las barreras de la conciencia a través de la irrupción del fallido, es esa alquimia de memoria inconsciente, habla materna, arquitectura espontánea de nuestro estar en el mundo, belleza poética y violencia que brota de su exigencia de ordenar y controlar la pluralidad de lo que es. Pero también es ideología, instrumento de dominio y de sometimiento, velo y manipulación que contribuyen a perpetuar hegemonías y poderes que, desde antiguo, saben de la inconmensurable potencia de las palabras para suscitar adhesión, miedo y aceptación pasiva. Y, a la inversa, en su interior profundo también chisporrotean las palabras de la rebeldía, del sueño utópico, de la emancipación y de la esperanza sin las cuales todo sería infinitamente más oscuro.
Lo sabemos sin necesidad de ser semiólogos, lingüistas o lectores del diccionario del uso del español de la inconmensurable María Moliner que parece haberles seguido la pista y las huellas a todas las palabras de nuestra lengua: más allá del sentido literal cada palabra guarda no sólo un plus siempre enigmático y una ambigüedad que vuelve fascinante la multiplicidad de sentidos que puede contener y que hace más rica la existencia de los seres humanos habilitando también el territorio de la literatura y la poesía que muestra la fecundidad inagotable del idioma, sino que, también y fundamentalmente, responde, la circulación del lenguaje, a los usos políticos, culturales, mediáticos e ideológicos que le imprimen, casi siempre, su espesor y el modo como impactan en la vida de una sociedad. Nunca, y eso también lo sabemos, el lenguaje es puro e inocente ni se asemeja a las aguas cristalinas de un arroyo de montaña; a medida que va recorriendo las formas laberínticas de la comunicación su densidad y su opacidad se le agregan como si fuera una segunda naturaleza y cada una de las palabras va siguiendo un camino que se escinde de su sentido original abriendo nuevas significaciones que se relacionan directamente con las mutaciones de la propia realidad. Lo que, en todo caso, el lenguaje o el idioma nunca deja de guardar son las sedimentaciones que su uso va dejando en la memoria cultural. Lo sepamos o no somos en la medida en que el habla nos atraviesa dejando sus marcas y abriendo continuamente un doble horizonte: el que nos hace viajar hacia el pasado trayéndonos las connotaciones que se esconden en el interior de una palabra que regresa sobre nuestra cotidianidad y aquel otro que le da forma a nuestro hacer transformador haciéndonos girar, también, alrededor de las mutaciones del propio lenguaje con el que construimos nuestro mundo. Una misma palabra, eso también lo sabemos o lo intuimos, tiene diferentes impactos allí donde cada momento histórico le otorga sus propias cualidades.
En una época atravesada de lado a lado por los lenguajes de la comunicación y de la información y en la que hay una relación estrecha y decisiva entre empresas massmediáticas y disputa por el sentido, resulta de una ingenuidad algo más que sospechosa creer que el uso y abuso de ciertos términos es el resultado de un juego espontáneo en el que la propia lógica de la comunicación social hace rodar palabras y conceptos que ocupan fuertemente la escena pública sin que tengan otra connotación que la mera casualidad o el juego azaroso a través del cual circulan las diferentes expresiones o, incluso, imaginar un espacio público armonioso en el que la comunidad de hablantes se relacionan a través de reglas de juego claras y racionales que hacen posible una comunicación amplia y democrática sin tomar en cuenta las presiones, las posiciones dominantes, los mecanismos opacos y los ruidos de toda trama comunicacional que, por supuesto, también incluye a la violencia. Nada de eso. La circulación de determinadas palabras se relaciona directamente con ciertas “operaciones” que suelen ofrecerle, al lector crítico y atento de eso que llamamos “realidad”, las pistas como para descifrar qué se suele esconder detrás de la proliferación de tal o cual término repentinamente puesto de moda y repetido hasta el hartazgo por los grandes medios de comunicación en sus diferentes versiones gráficas o audiovisuales. Y así como la lengua guarda en su interior una fuerza emancipatoria y un espíritu libertario que, pese a manipulaciones, censuras y represiones, persiste, también es portadora de envilecimientos y caídas en abismo (como escribía George Steiner refiriéndose al idioma de Goethe, el uso que de él hizo el nazismo lo contaminó profunda y decididamente volviéndolo cómplice de la barbarie). Rescatar a una sociedad del horror dictatorial es, también, rescatar su idioma poniéndolo, de nuevo, al servicio de la libertad. Algo de eso sucedió entre nosotros durante los años de la dictadura y sus consecuencias en el habla de los argentinos se continuaron por mucho tiempo. Un sistema de opresión económico-social, como lo es el capitalismo neoliberal, también actúa a través de la manipulación del lenguaje y de condicionar al propio sentido común. El lenguaje puede ser una tremenda correa de transmisión de terror y disciplinamiento social, político y económico.
Una de esas palabras que adquieren un determinado uso que va más allá de su sentido literal es “ajuste” (no deja de tener cierto interés, y de nuevo un modo de comprobar los cambios de sentido o de uso de acuerdo a las mutaciones históricas, que cuando María Moliner compuso su diccionario, allá por 1966, la bendita palabra remitía a muchas cosas menos al uso que hoy tiene en el terreno económico y a su inmediata connotación ideológica). Su sola mención abre una pequeña o gran conmoción en quien la escucha o en quien la pronuncia remitiendo, al receptor o al emisor, a experiencias ya vividas o absorbiendo, entre consciente e inconscientemente, un significado que, por ejemplo entre los argentinos, nos envía hacia un déjà-vu que no deja de erizarnos la piel allí donde nos recuerda su uso a destajo para avanzar, cada vez más, hacia una política devoradora de derechos, de conquistas sociales, de trabajo y hasta de dignidad en nombre de necesidades mayores y grandezas futuras que, en el mientras tanto, no hicieron otra cosa que dejar un tendal de daños y dañados que abarcaron la casi totalidad de la sociedad.
La palabra “ajuste”, que hoy regresa brutalmente en la sociedad europea, a nosotros nos remite al ultraliberalismo del viejo Alsogaray con su metáfora tan elocuente de “ajustarse el cinturón” para “pasar el invierno” y, más cerca en el tiempo, al corazón de las políticas neoliberales que hegemonizaron el sentido común durante la década del ’90 (“Achicar –sinónimo en este caso de “ajustar”– el Estado es agrandar la Nación”, expresaba a los cuatro vientos un famoso constructor de opinión pública y un aventajado publicista de las necesidades del poder económico que se ocupó, durante mucho tiempo, de martillar sobre el uso del lenguaje sabiendo que allí se encontraba el centro de la disputa y la posibilidad de reproducir un sentido común capturado por la retórica del neoliberalismo). Una palabra, por otro lado, que quiere ser aséptica allí donde busca, vía la lógica del eufemismo, esconder el impacto de una determinada política que suele descargar todo el peso del “sacrificio” sobre las mayorías populares mientras sostiene a rajatablas el interés de los poderosos. Más difícil que encontrar una aguja en un pajar resulta encontrar algún momento político-social en el que el uso del término “ajuste” no haya ido en detrimento de esas mayorías. Su sola mención eriza la piel y nos pone a la defensiva (sería interesante preguntarles a griegos, italianos y españoles qué sienten al escuchar, una y otra vez, que sus dirigencias políticas la pronuncian con tanta asiduidad y liviandad).
Lo paradójico del “retorno” de la palabra “ajuste” entre nosotros es que los que no se cansan de pronunciarla, a la hora de hablar de las actuales políticas económicas del gobierno de Cristina, son los mismos que sostuvieron, en los años del verdadero y brutal ajuste, todas aquellas acciones, desde Menem y Cavallo en adelante y que condujeron a la peor crisis social de nuestra historia, que recién comenzaron a ser revertidas cuando, de un modo inesperado, Néstor Kirchner llegó a la presidencia del país y comenzó un nuevo ciclo histórico que tuvo como norte orientador cambiar de raíz la lógica neoliberal. Y cambiar algo de raíz, es decir someterla a la crítica, supone también modificar el sentido común y la persistencia de un idioma capturado por los engranajes discursivos y prácticos de un sistema, en este caso el neoliberal, que se encargó no sólo de transformar la estructura económica sino que también buscó alterar radicalmente la visión del mundo de la sociedad modificando, a su vez, la manera de decir y de relatar ese nuevo tiempo social, político y económico. De ahí el esfuerzo de dar una batalla por el relato que no se quedara en la simple constatación de las diferencias entre aquel modelo estructurado alrededor de la valorización financiera y este proyecto que intenta avanzar hacia otro modelo de acumulación que tenga en cuanta una más equitativa distribución de la riqueza.
Lo que la corporación mediática, centro neurálgico de la verdadera oposición, busca al reintroducir la palabra “ajuste”, como un modo de “sincerar” la “sintonía fina” de la que viene hablando Cristina como característica de la actual etapa, es vaciar de contenido político-ideológico al kirchnerismo denunciando su esencial “impostura” allí donde una cosa sería su retórica y otra sus acciones de gobierno. Según la oposición mediática (a la que ahora parece unírsele, creemos que por una falsa interpretación de la realidad y por una errónea política de disputa de liderazgo, un Hugo Moyano que parece haber “descubierto” que el kirchnerismo es igual al menemismo y que no hace otra cosa, finalmente, que equivocar el camino poniendo en entredicho los intereses y conquistas de los trabajadores a los que dice representar, intereses y conquistas que se multiplicaron en ocho años de una interesante alianza que nunca dejó de estar exenta de tensiones y contradicciones como parte de la complejidad de la vida democrática y de los difíciles equilibrios entre los intereses particulares y los intereses generales) estaríamos delante del final “del viento de cola” y, por lo tanto, del gran simulacro para regresar, aunque el Gobierno no lo diga, a las tradicionales políticas de ajuste.
No eludir la disputa por el sentido implica, en este caso, desarmar la operación de la corporación mediática que intenta dañar al Gobierno apelando a lo que supuestamente sería un “giro a la derecha”, y una manera de hacerlo, de desarmar esa intención, es darle contenido histórico y densidad política al uso, nuevamente, de ciertas palabras en contraposición a otras. Oponer la palabra “igualdad”, que Cristina ha vuelto a poner en el centro de la escena, a la palabra “ajuste” implica, una vez más, estrechar las relaciones entre el lenguaje y los grandes cambios de la vida social. Y eso, estimado lector, siempre lo supo la derecha que buscó ser la dueña del sentido común.
Por otro lado, la palabra “ajuste” moviliza inmediatamente en el inconsciente colectivo la memoria de épocas de vacas flacas y de pasividad social en las que los inescrutables dioses del mercado determinaban a su antojo la vida de los insignificantes ciudadanos de a pie que no podían hacer otra cosa que rezar para que la tormenta no se descargara sobre ellos con toda su violencia. Durante los años ’90 el uso y abuso de determinadas palabras y conceptos por los economistas del establishment tuvieron la función de disciplinar y aterrorizar a una sociedad que no sabía de qué manera salir del atolladero a que esos mismos economistas ideológicamente serviles al poder concentrado condujeron, en alianza con sectores políticos travestidos, a un país desencajado e inmovilizado. El retorno oportunista de la palabra “ajuste”, una y otra vez replicada por periodistas y analistas de los medios de comunicación concentrados, apunta, como el famoso “viento de cola”, a confundir a la población haciéndole creer que, como tantas veces en el pasado, en la Argentina siempre acaba sucediendo lo mismo: las mayorías pagan el dispendio y el exceso de gasto de gobiernos demagógicos y populistas. Desmontar esta estrategia supone dar la pelea en el terreno del lenguaje. No hacerlo es dejarse absorber por una retórica que sabe de qué manera crear las condiciones para influir sobre la opinión pública y el sentido común.