domingo, 12 de octubre de 2014

En diálogo con AgePeBA, García Linera llamó a “resolver dos grandes heridas: Malvinas, que es Argentina, y la salida soberana de Bolivia al Pacifico”


Elecciones en Bolivia

 

“Nuestro sueño es un Estado Continental Plurinacional, con instituciones financieras, judiciales y económicas propias”, dijo el vicepresidente del Estado Plurinacional de Bolivia, Álvaro García Linera, al conversar con este enviado especial y de otros medios. Los periodistas lo acompañamos a votar a la escuela Agustín Aspiazu, en La Paz. Se fotografió con una bandera de Proyecto Nacional.

 

 

Por Santiago Masetti (Enviado Especial a Bolivia) / En una austera casa, casi todas una interminable biblioteca, el vicemandatario acompañado por su esposa, Claudia Fernández, habló de la actualidad boliviana, latinoamericana y del proceso eleccionario que atraviesa Bolivia. Se retrató con militantes de Proyecto Nacional, el espacio que conduce el vicegobernador Gabriel Mariotto.

“El continente está viviendo una transformación revolucionaria, nunca antes se habían dado en el continente gobiernos progresistas y revolucionarios. Antes había golpes de Estado y guerrillas a nivel continental, pero nunca gobiernos expandidos a nivel continental. Es un gran avance porque se ha permitido que el continente se independice del tutelaje norteamericano, ese es  un gran avance y hay que mantenerlo”, dijo.

“El siguiente paso, más allá de está soberanía frente a Estados Unidos, porque hoy América Latina dice lo que quiere, define como cree conveniente su destino, que logremos una alianza en el ámbito productivo y económico; nuestro sueño es un Estado Continental Plurinacional y que en cada país se respete su sistema de gobierno, sistema cultural, pero que en un segundo piso, tengamos instituciones financieras, judiciales y económicas como continente”, añadió.

“El destino del mundo es el de los Estados continente. Estados Unidos es un estado continente, Europa es un Estado continente, China es un Estado continente, América Latina va a influir en el mundo en medida que actué como Estado continente y pare ello necesitamos unidad, que solamente lo pueden lograr los gobiernos progresistas y revolucionarios, y resolver las dos grandes heridas que aún sangran: Malvinas, que es Argentina, y la salida soberana al Océano Pacifico para Bolivia. Resueltos esos dos temas el continente está destinado a grandes logros y procesos y a reorientar los procesos de mundialización, que hoy por hoy, nos sobrepasan, pero si actuamos como Estado continente, nosotros podemos reconducir el proceso de mundialización de la economía y de la sociedad”,  puntualizó García Linera.

Fuente: Agencia Periodística de Buenos Aires

lunes, 8 de septiembre de 2014

"La disputa por la información también era muy fuerte en 1810; las rebeliones de esclavos eran ocultadas", se afirmó desde la Escuela de "Rodolfo"

 

“San Martín y Rivadavia, dos rutas de Mayo que son antagónicas: la primera se identifica con Moreno y el ideario emancipador; mientras que la segunda nos conduce hasta los buitres locales que tenemos hoy acechando el país (…), y no hay cambio político alguno si no se pone en disputa el lenguaje político”, dijo el historiador Germán Ibáñez, de la Escuela de Formación Política Rodolfo Walsh.

                                        
Las luchas populares.
Jueves, 4 de Setiembre de 2014
El académico Germán Ibáñez, una de las máximas referencias de la Universidad de las madres e integrante del Colectivo Rodolfo, disertó el miércoles en el Centro Cultural Padre Mugica de La Plata, y consideró que, “interpelamos el pasado en clave política, para pensar el presente de nuestro proyecto nacional”, conducido por la presidenta Cristina Fernández de Kirchner.
Lo hizo en el marco de los cursos “Historia Argentina del Siglo XIX”, organizados por la escuela del colectivo Rodolfo, de periodistas e intelectuales, y el área de formación política del Mugica. Ambos espacios forman parte de Proyecto Nacional, la agrupación que lidera el vicegobernador Gabriel Mariotto.
“Es un desafío  para cualquier historiador buscar los problemas que no han sido resueltos  y encararlos con el máximo rigor, para que la investigación sea lo más objetiva posible; cuando una sociedad o un país quedan atrapados por una hegemonía conservadora, desde los procesos populares podemos retomar estas cuestiones a partir de los espacios militantes”, dijo Ibáñez durante su exposición.
“Gran parte de la Argentina se ha preguntado hacia donde vamos y eso implica saber de dónde venimos; y en ese sentido  “hay que entender la Revolución del 25 de Mayo desde un contexto más amplio, en términos geográficos. Esa idea nos permite pensar en aquellas movilizaciones populares que fueron exitosas, pero debemos rescatar  aquellas que fueron derrotadas porque fueron olvidadas conscientemente por la historia”.
“Entre San Martín y Rivadavia  hay dos rutas de Mayo antagónicas: la primera se identifica con Mariano Moreno y el ideario emancipador; mientras que la segunda nos conduce hasta los buitres locales que tenemos hoy acechando el país”, puntualizó
“No hay cambio político alguno si no se pone en disputa el lenguaje político. Por eso hoy desde los sectores conservadores hablan del “relato k” para banalizar la política”.
En la charla, Germán Ibáñez hizo especial hincapié en la figura de José Gervasio Artigas: “peleó no sólo por la emancipación de la Banda Oriental sino por la construcción de una Patria Grande con una identidad americana”.
“La idea de que las masas son un escenario donde se mueven los próceres liberales es perfecta para el imperialismo, pero cuando aparecen próceres como  Artigas, ahí señalan que aparece la barbarie”, destacó.
“De la mano de Artigas aparece un ideario federal, rural y democrático que establece un proyecto nacional donde la cuenca del Plata es la articulación de una nueva nación, en busca de un camino de emanciapación que recupere las tierras y las libertades individuales”, insistió el historiador.
Sobre las Invasiones Inglesas consideró: “los británicos sabían de la existencia de las tensiones entre los criollos y los peninsulares,  y pensaron que los íbamos a recibir con los brazos abiertos, pero no paso nada de eso”.
“Siempre que analizamos la historia, los procesos tienen causas muy profundas que se van macerando a lo largo de los siglos. La conquista de España por parte de Napoleón fue el detonante de la Revolución de Mayo, porque el Rey ya no gobernaba, y en entonces se perdió ese sentido de invulnerabilidad  y comenzaron a circular otras ideas”.
Y remarcó: “la disputa por la información entonces también era muy fuerte. Las noticias sobre rebeliones de esclavos comenzaban a circular pero eran ocultadas por el poder en beneficio de sus intereses; las palabras caudillo y gaucho fueron demonizadas, y por eso debemos recuperarlas porque tienen que ver con las movilizaciones populares”.

Fuente: Agencia Periodística de Buenos Aires
www.agepeba.org
 

miércoles, 16 de julio de 2014

Perón y la educación para el desarrollo nacional


 


Es conocido el impulso que dio la figura de Juan Perón al proceso de desarrollo industrial de nuestro país, a la política de mayor soberanía nacional, a la democratización de un Estado con graves lastres heredados del régimen oligárquico, a la expansión de los derechos sociales y a la incorporación de los trabajadores a la vida política. Pero en menos ocasiones se hace hincapié en una política educativa que también estuvo en consonancia con el proyecto nacional popular que comienza a desplegarse en la década de 1940. En su momento el desdén “gorila” resaltó la presencia de Perón y Eva en los textos escolares, omitiendo que en esos mismos libros aparecía de manera destacada el rol de los trabajadores en el desarrollo nacional, los avances económicos, y los derechos sociales que perfilaban una ciudadanía más rica que en las etapas anteriores de nuestra historia.

En el pensamiento de Perón, una estrecha conexión vinculaba el proyecto educativo, las necesidades sociales y la cultura popular. Una nueva cultura y una nueva educación, no podían reproducir esquemas elitistas ni estar desgajadas de las necesidades populares. “Nosotros queremos una cultura para el pueblo, nosotros queremos que esa cultura esté al alcance de todos los hombres de este pueblo para que así cada uno pueda ser el artífice de su propio destino”, planteó en una oportunidad. El problema de la educación formal, y del acceso a sus niveles superiores era todavía en los años 1940 el de una concepción elitista y poco relacionada con las cuestiones estratégicas del desarrollo nacional, la democratización y la inclusión.

Es en ese marco que hay que contemplar la implementación de una medida trascendente, en noviembre de 1949, como fue la eliminación de los aranceles en la educación superior. Una medida que muchas veces por desconocimiento es fechada en la Reforma de 1918, cuando en realidad se toma bajo el primer gobierno de Perón. Se plantea el horizonte de una universidad argentina que sea un “verdadero centro de investigación científica y de altos estudios”, pero que además tenga como uno de sus objetivos fundamentales afirmar “una conciencia nacional histórica”. En este punto se evidencia la vinculación de ese horizonte educativo con el marco más general de un proyecto de desarrollo nacional con soberanía y justicia social. ¿Implicaba esto de una “conciencia nacional histórica” cerrarse al mundo o desdeñar los avances científicos y del pensamiento social producidos en otras latitudes? Indudablemente no. Lo que estaba en juego es el aporte de las universidades al desarrollo nacional, que difícilmente es imaginable al margen de una mirada crítica sobre los paradigmas colonialistas. La conciencia histórica nacional se traduce como una mirada propia, en permanente construcción, no como cerrazón a lo ajeno.

La valorización de lo propio, la autoestima, pasaba también por el reconocimiento concreto de lo popular, pues para esa mirada de Perón no hay nación sin pueblo. Postular lo popular es también el reconocimiento de los derechos del trabajador; y aparece justamente la idea de reivindicar el rol docente en condiciones de dignidad: como trabajador y no como etéreo apóstol. Dirá Perón: “He considerado como una tarea fundamental de gobierno, asegurar para los profesores y maestros de la Nación la orientación necesaria, el ambiente digno y también las condiciones indispensables que ellos necesitan para enseñar”. Esto se traducía en el aumento de las remuneraciones de los docentes, pero también en el reconocimiento de su rol en la formación de la conciencia nacional.

Y si lo popular se vincula entonces con el mundo del trabajo, no puede dejar de mencionarse uno de los proyectos más ambiciosos: la fundación de la Universidad Obrera Nacional. En el marco de los objetivos de un desarrollo industrial soberano y con justicia social, la educación técnica y científica debía ser resaltada. No en desmedro de un tradicional humanismo, sino en la búsqueda de un nuevo compromiso histórico entre humanismo, modernidad técnico-científica, democracia y justicia social. Junto con las escuelas técnicas, la Universidad Obrera estaba llamada a desempeñar un gran papel.

El revanchismo oligárquico desatado con el golpe de Estado de 1955 quiso borrar ese horizonte educativo. No se atrevió al cierre definitivo de la nueva universidad, pero le cambió su denominación por el más “aséptico” de Universidad Tecnológica Nacional. Hoy la UTN, junto con las universidades nacionales (las “viejas” y las más nuevas) están frente al desafío planteado por ésta década ganada de propender, una vez más, a los objetivos irrenunciables de la soberanía y el desarrollo industrial nacional, la democratización, la inclusión y justicia social, el pensamiento crítico y una geopolítica “desde el Sur”, para trazar un mundo nuevo, más igualitario.

 

 

Germán Ibañez

lunes, 5 de mayo de 2014

“Vemos jóvenes interesados en la transformación política del país”, aseguró Germán Ibáñez del colectivo “Rodolfo”


Escuela Rodolfo Walsh



Tras dictar un curso de formación política en el Centro Cultural Padre Mugica, de Banfield, el académico dialogó con AgePeBA sobre el trabajo militante que desarrolla junto a periodistas, comunicadores y trabajadores de la cultura en el espacio Proyecto Nacional, conducido por Gabriel Mariotto.

Germán Ibáñez (Archivo)

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Lunes, 5 de Mayo de 2014

 

Germán Ibáñez es uno de los profesores de la Escuela de Formación Política Rodolfo Walsh, del colectivo “Rodolfo” en Proyecto Nacional, que surgió para darle intensidad y espesor político e ideológico al trazado emancipatorio que inició Néstor Kirchner en mayo de 2003 y que hoy continúa la presidenta Cristina Fernández.

Ibáñez dictó el sábado pasado una clase sobre el legado de Juan Domingo Perón en el Centro Cultural Padre Mugica, de Banfield.

“Fue una experiencia muy buena con compañeros mayoritariamente juveniles, lo que marca el interés que hay por el debate en estos sectores. Vemos jóvenes que apuestan al trabajo, al estudio, al compromiso militante, a la formación, interesados en la transformación política del país", remarcó en diálogo con AgePeBA.

Para Ibáñez, en los cursos de la Escuela Rodolfo Walsh “tenemos la cantera en la cual trabajar la renovación de este proyecto popular y las herramientas fundamentales, desde la inclusión, la educación, que estos jóvenes ya están recibiendo en sus manos”.

“Estoy seguro que en pocos años nos vamos a llevar una muy linda sorpresa porque se advierte compromiso, las ganas de trabajar, estudiar y militar. El aprendizaje es parte de la experiencia y la están absorbiendo en sus propias manos. Son ellos (los jóvenes) los que llevan la voz cantante en estos encuentros”, agregó.

Sobre la clase que dictó el sábado, Ibañez comentó que para "una temática tan apasionante y compleja, como es la figura de Perón, tratamos de buscar aquellos elementos que nos sirvieran para la actualidad".

Aseguró que estos cursos que impulsa “Rodolfo”, colectivo de periodistas, comunicadores y trabajadores de la cultura en la agrupación que conduce el vicegobernador Gabriel Mariotto, son “fundamentales”, sobre todo cuando existe “un gran déficit de formación”.

"Hoy pensar y consolidar lo logrado es también pensar en clave de formación ideológica. Pensar desde qué matices de pensamiento, desde qué proyecciones políticas discutimos hoy el proyecto nacional”, apuntó.

Ibañez destacó por último que la agenda de actividades de la Escuela Rodolfo Walsh “tiene que ver con una formación política para la militancia, pero también para la comunidad en general”, con el objetivo de “achicar la brecha entre el militante, el vecino, el compañero y para proyectar la profundización y seguir yendo por más”.

Fuente: Agencia Periodística de Buenos Aires

viernes, 14 de marzo de 2014

Nudo gordiano y burguesía nacional

 


  
 Por Mónica Peralta Ramos *
 
Corren tiempos muy significativos. Asistimos a un enfrentamiento explícito por el control de resortes de poder de importancia estratégica para el país: las divisas y los precios. Por un lado, un pequeño grupo de grandes empresas que controla puntos neurálgicos de la economía intensificó, desde noviembre pasado, la corrida cambiaria y la remarcación de precios, mostrando así su decisión de “levantar por el aire” al Gobierno. Por otro lado, un equipo económico que empezó en diciembre con nuevas propuestas para contener la corrida y la remarcación de precios, mordió el polvo de una derrota al tener que devaluar, y busca ahora hacer pie intentando limitar el poder de fuego del capital monopólico. En medio de esta tormenta apareció CFK y marcó la agenda política. Usando en reiteradas ocasiones la cadena nacional, convocó a la población a participar activamente en el control de los precios. Acusó a los grandes empresarios de abusar de su posición dominante en el mercado, dolarizando los precios, y apostó a la “formación de una burguesía con conciencia nacional” a fin de consolidar un capitalismo más “racional”. Describiendo un mercado de trabajo polarizado por el trabajo esclavo y el ahorro en dólares, convocó a los sindicatos a priorizar la lucha por el empleo y la inclusión social.
Así, las acciones de un número reducido y poderoso de actores sociales y las definiciones y reacciones del Gobierno arrojan un haz de luz sobre la estructura de poder actual, es decir, sobre el nudo gordiano que hemos analizado en este diario (20/1/2014). Formado a lo largo de más de medio siglo, este nudo no se cortará en el corto plazo. Para cortarlo es necesario acumular fuerzas, conociendo la esencia de los problemas que enfrentamos y transformando ese conocimiento en conciencia colectiva y movilización organizada. De ahí la importancia del momento actual: el mismo revela de un modo peculiar de dónde venimos y hacia dónde debemos ir para superar los problemas que nos aquejan.
Este gobierno se propone consolidar un capitalismo más “racional” e inclusivo. Estos objetivos son rechazados por los sectores más poderosos y este rechazo deja al desnudo la estructura de poder que nos ha condenado al estancamiento económico, las crisis políticas y el canibalismo social durante más de medio siglo. Lo que está en discusión hoy día es el control monopólico de resortes clave del poder –precios, divisas e información– que tienen un impacto brutal sobre la vida de la nación. En este contexto, explicar la coyuntura actual desde la perspectiva de la financiarización –es decir, de una “nueva” fase de acumulación del capital caracterizada por la hegemonía de las finanzas sobre la producción– conduce a políticas equivocadas. Esta mirada torna invisible lo central a la ecuación capitalista: las formas de producción del excedente económico. Confunde además las formas de producción con los mecanismos de apropiación y distribución tanto del excedente como de la riqueza acumulada. Si bien los grupos e instituciones financieros son canales indispensables para la circulación de la especulación financiera, no son los únicos. Hoy día no hay separación entre el capital financiero y el capital productivo. Constituyen una entidad única donde lo decisivo, en términos de la generación del excedente, es la reproducción de cadenas de valor global que integran el proceso productivo a nivel mundial y lo desintegran a nivel local como nunca antes ocurrió en el mundo capitalista. De ahí el rol cada vez más importante de las grandes empresas transnacionales, tanto en el comercio exterior “informal” como en la especulación financiera. Por otra parte, la historia nos enseña que, si bien esta última adquiere gran relevancia en los momentos de crisis del ciclo capitalista, los factores determinantes de las crisis se encuentran en última instancia a nivel del proceso productivo global. Necesitamos entonces mirar más de cerca nuestro sistema productivo y sus actores sociales para poder determinar de dónde venimos y hacia dónde vamos. En este sentido, el conocimiento del modo en que nos integramos a la división internacional del trabajo y a las cadenas de valor global, y el impacto que esto tiene sobre la producción, el mercado interno, el mercado de trabajo y las empresas, es de fundamental importancia. Si hacemos este análisis, no podremos seguir eludiendo el fenómeno de la dependencia tecnológica y su impacto sobre la concentración del capital, las empresas nacionales y la fragmentación del mercado de trabajo. Este es el dilema central que enfrentamos. Resolverlo implica, entre otras cosas, fortalecer el rol del Estado no sólo en su capacidad para regular la producción, la apropiación y la distribución del excedente, sino también en su capacidad empresaria.
El momento actual adquiere particular significación porque revela la conexión entre el sistema productivo y la especulación a nivel financiero y comercial. Revela que, tal como han sido otorgados hasta ahora, los subsidios a la industria, al mercado interno y a las exportaciones industriales garantizan grandes ganancias empresarias, pero no bastan para impulsar un capitalismo más “racional”, o para lograr una inclusión social sostenible. Mientras los sectores estratégicos de la industria sean controlados en forma monopólica u oligopólica, el futuro industrial quedará cautivo de la lógica de un capitalismo transnacional que controla decisiones, tecnología y segmentos cruciales de cadenas de valor global en las que nuestras industrias se encuentran integradas de manera poco sofisticada y son fácilmente sustituibles. En tanto no se cuestione un modelo de negocios agrario centrado en la necesidad creciente de importaciones de un paquete tecnológico, cuyos proveedores son unas pocas empresas multinacionales que controlan sectores clave del sistema agroalimentario a nivel global, el campo también reproducirá la dependencia tecnológica. Mientras el comercio exterior, el acopio, la distribución y el comercio interior estén dominados por el capital monopólico y oligopólico, la dependencia tecnológica terminará “encarnándose” en el “saqueo del bolsillo” de los consumidores.
A diferencia de otros momentos de nuestra historia, hoy se ha hecho explícito no sólo el accionar del capital monopólico, y su impacto sobre la vida entera del país, sino también cómo hay que hacer para frenar este embate. En efecto, la corrida y la dolarización de precios se intensificaron a partir de la ruptura de un acuerdo pactado en diciembre entre el Gobierno y los grandes exportadores de cereales. Según el mismo, estos últimos liquidarían las divisas que retenían del remanente de la cosecha de 2013 a cambio de Letras del Tesoro a un interés del 3,65 por ciento más el diferencial entre la devaluación del peso ese día y el 30 de junio de 2014. La ruptura de este acuerdo y la persistente retención de parte de la cosecha de cereales de 2013 por parte de los grandes productores agropecuarios y centros de acopio intensificaron la escasez de divisas para hacer frente al fenómeno de la restricción externa e incentivó la corrida cambiaria. El intento oficial de cerrar la brecha entre el tipo de cambio oficial y el paralelo con ajustes diarios y previsibles incentivó la corrida y la sangría de las reservas del Banco Central. Asimismo, la inmediata dolarización de los precios a nivel de la producción puso en jaque a la política de Precios Cuidados. Estos procesos llevaron a una gran devaluación el 23 de enero, seguida por una flexibilización relativa del control de la venta de divisas a los pequeños ahorristas. Esta medida permitió aislar al “chiquitaje” de los grandes operadores en el mercado de cambios.
La gran devaluación no logró revertir la situación, y la corrida y la dolarización continuaron imparables. Sólo a fines de la primera semana de febrero, la situación empezó a cambiar. ¿Qué es lo que permitió este cambio? En un contexto de crecientes demandas de control del comercio exterior, y de una velada amenaza oficial de considerar esa posibilidad, el 29 de enero, la Comisión Nacional de Valores obligó a las entidades financieras a informar diariamente todas las transacciones en el Mercado de Valores. El Gobierno adquiría así una radiografía de los actores y montos involucrados en las transacciones diarias operadas en “contado con liqui”, mecanismo que por ese entonces era central a la corrida y a la fuga de divisas. Ese mismo día, CFK denunciaba las maniobras especulativas de los “bancos, grupos económicos, importadores y exportadores”. Al día siguiente, el Gobierno anunciaba una investigación de estos grupos, sospechados de especular con divisas por un valor de seis mil millones de dólares. Tres días después, CFK denunciaba por cadena nacional a los grandes empresarios por la dolarización indiscriminada y convocaba a la militancia y a la población a movilizarse activamente para controlar los precios. Paralelamente, el Banco Central elevaba las tasas de interés y obligaba a los bancos a inundar el mercado cambiario con dólares, al fijar un tope del 30 por ciento a los activos líquidos en moneda extranjera. Estimados en 10 mil millones de dólares, éstos superaban en todos los casos el 50 por ciento de los activos líquidos de los bancos, llegando en algunos casos a representar el 150 por ciento. Si bien el 30 de abril era la fecha límite para pesificar activos, el efecto sobre el mercado de cambios y sobre los exportadores fue inmediato. Ese mismo día, estos últimos se comprometieron a liquidar divisas por 2 mil millones de dólares antes del fin de febrero. A partir de entonces, la corrida se atenuó y el centro de la pelea gira ahora en torno de la dolarización de los precios. El control más amplio y estricto de la formación de precios en las cadenas de valor, incluyendo a productores y proveedores, y el aumento de las sanciones por incumplimiento del acuerdo de precios son pasos importantes que deberán ser profundizados para que la política de Precios Cuidados sea eficiente.
Los hechos han puesto en evidencia a los que hacen la corrida cambiaria, a los que dolarizan, y la conexión entre ambos fenómenos. Los intereses que se persiguen, los mecanismos que se utilizan y la forma en que la corrida cambiaria se convierte en remarcación de precios han salido a la luz del día. Trascendiendo el limbo oscuro e intangible del dólar blue, del “contado con liqui” y del dólar Bolsa, la corrida es “dolarización” y se encarna en ámbitos concretos: las empresas, las cadenas de valor y los barrios. Se ha demostrado que si un gobierno transparenta lo que está ocurriendo, usa con decisión los resortes que el Estado tiene y legitima este uso, convocando a la movilización popular en defensa de un interés común, puede frenar el embate de los intereses monopólicos. Sin embargo, esta ofensiva no ha concluido. De ahí la importancia de profundizar la movilización organizada de la población en torno de objetivos que afectan la vida del conjunto, y de hacer valer toda la fuerza del Estado en defensa de los trabajadores, de los consumidores y de los que siguen excluidos.

* Socióloga.

Fuente: Página /12
14 de marzo de 2014

martes, 11 de febrero de 2014

El sueño de los argentinos

 
Por Eduardo Jozami *
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Vivimos en una sociedad injusta, aunque no reflexionemos a diario sobre eso. Las diferencias sociales y las inequidades tienden a naturalizarse, aun en momentos de cambios profundos como los que se producen en la Argentina desde hace una década. Pero, en ciertos momentos, esa injusticia social se revela intolerable. Es cuando el interés de unos pocos aparece nítidamente como superior al del conjunto de los argentinos. En estos días hemos visto a las patronales del agro exaltar el derecho de los grandes productores para vender sus tenencias de soja cuando quieran, sin importarles las consecuencias que pudiera tener esa retracción de ventas sobre el conjunto de la economía, mientras los exportadores de cereales presionaban, a su vez, la devaluación de la moneda, negándose a liquidar los dólares provenientes de las ventas al exterior. La Mesa de Enlace ha defendido estas actitudes amparándose en una concepción de la propiedad que no admite restricciones, derecho supremo ante el que deberían ceder los de la gran mayoría de los argentinos cuyos ingresos y condiciones de vida se ven hoy afectados.
Esta presión sobre la divisa norteamericana no sólo apuntaba a multiplicar los ingresos de exportación aumentando la cantidad de pesos que se reciben por cada dólar, buscaba una verdadera corrida cambiaria que aceleraría el alza de los precios y dificultaría cada vez más el control de la coyuntura económica. Esta maniobra especulativa tiene también un definido propósito político: debilitar el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner, obligarlo a desandar el camino seguido hasta hoy y mostrar el cumplimiento de lo que vienen pronosticando hace diez años los agoreros del privilegio: las políticas ambiciosas que se proponen reformas profundas como las que lleva adelante el kirchnerismo, terminan necesariamente en el fracaso. Este razonamiento se plantea como si las dificultades que hoy se observan fueran consecuencia de desconocer supuestas leyes de la economía y no tuvieran que ver con el sabotaje que realizan todos los sectores del gran capital y sus medios de comunicación.
Presionando el alza de los productos de la canasta básica, los grandes formadores de precios y los hipermercados hacen su contribución al intento desestabilizador, mientras los principales medios opositores siguen atribuyendo la inflación a los altos salarios y el exceso de gasto público, y reclamando, en consecuencia, un plan económico recesivo. Es la vieja receta, la de los planes del Fondo Monetario, la que elige matar al enfermo para terminar con la enfermedad: la inflación, en algunas ocasiones, fue controlada, pero al precio inaceptable de aumentar notablemente el nivel de desempleo y reducir los ingresos de los trabajadores en términos reales. Porque esa receta no debe ser aplicada, los acuerdos de precios son hoy un camino necesario y el Estado deberá reforzar su capacidad de control y sanción de los incumplimientos. En su ofensiva incesante, los medios atacan al equipo económico que lleva adelante esta política, presentando a Axel Kicillof, alternativamente, como un demonio estatista o un joven ingenuo que cree en la palabra de los empresarios. Los comunicadores de la derecha tienen el olfato entrenado para detectar el riesgo que representa para el establishment un economista de sólida formación y fuerte compromiso político.
La devaluación tiende a producir una transferencia de ingresos contra los sectores populares, y por eso el Gobierno se resistía a tomar esta medida, a la que finalmente se vio obligado. Hoy, para limitar esos efectos negativos, es imprescindible asegurar que los formadores de precios no exageren la incidencia real de la devaluación sobre sus costos. Para ello, como acertadamente señaló la Presidenta, es imprescindible el activo control de la sociedad.
Frente al espectáculo indignante de los exportadores sentados sobre sus dólares, la indignación social se expresa de mil maneras, y es muy valioso que se plantee la necesidad del control estatal del comercio exterior. Esta es una vieja bandera del nacionalismo popular arriada en los ’90 y echada con los trastos viejos. Recuperar esa memoria de las luchas no es el menos importante de los logros de este tiempo. La negociación con los exportadores parece permitir hoy un alivio coyuntural, pero la discusión de fondo no puede evitarse.
Paradójicamente, fueron los conservadores los primeros en recurrir a estos instrumentos de intervención estatal en la década de 1930, cuando escaseaban las divisas y se cerraban los mercados de las exportaciones argentinas. Pero estas políticas atendían menos a la defensa del consumo popular que a los intereses de los grupos más concentrados del agro y a consolidar la relación con Gran Bretaña, como lo señalaran, desde trincheras distintas, Lisandro de la Torre y Raúl Scalabrini Ortiz. Ese intervencionismo conservador que llevó a la creación de las juntas nacionales de Granos y de Carnes fue continuado por Federico Pinedo desde una perspectiva algo diferente. Quien fuera en su juventud dirigente socialista concedía en su proyecto alguna importancia a la industria y ya avizoraba que los Estados Unidos se convertirían en nuestros principales socios. Federico Pinedo otorgaría a la industria el mínimo papel de “una pequeña rueda” que debía acompañar a la “gran rueda” de la producción agropecuaria, y si pensaba en otros mercados de exportación para la nueva industria era porque no concebía una expansión del mercado interno como la que, más tarde, el peronismo habría de producir.
El Instituto Argentino de Promoción del Intercambio fue el organismo creado por el gobierno de Perón para gestionar el comercio de exportación e importación. La cosecha era adquirida por el Estado y éste realizaba las operaciones. La diferencia entre el precio que recibían los productores y el que se obtenía por la exportación era utilizada para financiar el desarrollo y, en particular, la actividad industrial. Esta política suponía el reconocimiento de que la Argentina debía ubicarse entre las que Marcelo Diamand llamara “estructuras productivas desequilibradas”: la productividad del agro aseguraba la colocación de sus exportaciones, pero la industria no podía funcionar con el mismo tipo de cambio y requería necesariamente transferencias desde el sector más productivo de la economía. La renta extraordinaria de la actividad agropecuaria debía, en consecuencia, ser apropiada por el Estado. Para la militancia peronista, el IAPI se transformó en un símbolo de las políticas de desarrollo nacional. Se comprenderá que, inversamente, la oligarquía argentina haya demonizado esa sigla desde entonces.
Después de 1955, desaparecido el IAPI, la reivindicación de la nacionalización del comercio exterior figuraría en los programas de La Falda, Huerta Grande y la CGT de los Argentinos y encabezaría todas las luchas del movimiento obrero. Con el tiempo, aunque muchas veces la consigna permanecía en los programas, el entusiasmo declinó. Hasta que el menemismo culminó este proceso con la más drástica política privatizadora, y terminó también con las juntas que permitían al Estado alguna participación en la comercialización. Hoy, ante el intento de golpe de mercado, son muchos los que han salido a reivindicar una medida que no sólo apunta a terminar con una situación profundamente injusta, sino también a asegurar la sustentabilidad de una política económica de sesgo popular.
El Gobierno no está solo frente a los monopolios, porque resulta difícil creer que la mayoría de la sociedad acepte el proceder de la minoría que impulsa la desestabilización. Para sostener un diálogo fecundo con los más amplios sectores cuyos intereses no coinciden con los de los grupos económicos concentrados, habrá que reconocer las carencias de algunas políticas oficiales, las privaciones a la que es sometida la población por los problemas en los servicios públicos, así como la necesidad de atender a la restricción externa de la economía con propuestas que avancen más decididamente en la sustitución de importaciones y prioricen el rol de la industria nacional. Todo esto y mucho más puede y debe discutirse, pero ello no puede ser obstáculo para coincidir en la defensa de un proceso que cambió la Argentina, dejando atrás el país del desempleo de dos dígitos, recuperando la dignidad nacional, terminando con la política de relaciones carnales con los Estados Unidos, impulsando un inédito proceso de expansión de derechos y poniendo el objetivo de Memoria, Verdad y Justicia como divisa fundante del Gobierno.
El kirchnerismo sigue siendo una fuerza social muy significativa, pero hoy, cuando se juega el destino del país, debemos convocar a todos, a los radicales de Yrigoyen, que recuerdan el golpe de mercado que tumbó a Alfonsín, y a la izquierda, que –si quiere seguir llamándose tal– no puede permanecer neutral e indiferente en esta lucha contra los especuladores y los monopolios. Cuando es Argentina la que peligra, no hay espacio para las pequeñas diferencias. Tomando como bandera la creación de un organismo de control estatal del comercio exterior, el llamado más amplio debe dirigirse a los trabajadores, que serían las primeras víctimas de la reversión de esta política; a los pequeños y medianos empresarios, que nada tienen que ganar con las propuestas que alientan la concentración y desnacionalización.
Quienes estamos comprometidos con este proyecto de Néstor y Cristina, sabemos mejor que nadie lo que se está jugando en estos días. Por eso, por sobre agravios y cuestionamientos, tendemos la mano a todos los que coincidan con esta propuesta de democracia y justicia social. Creemos que ése sigue siendo el sueño de la mayoría de los argentinos.

* Director del Centro Cultural de la Memoria Haroldo Conti.

domingo, 2 de febrero de 2014

"Es peligrosa una revolución incompleta"


Por mónica lópez ocón

Sociedad Domingo 02 de Febrero de 2014 | 07:34

 

Entrevista de Tiempo Argentino a Norberto Galasso. La historia argentina y la política según el historiador.



Minucioso, modesto y trabajador incansable, el historiador se mantiene lejos de las tentaciones y peligros del divismo intelectual. Un lúcido análisis de la situación política actual, el radicalismo, el peronismo y la injerencia de los grupos económicos concentrados.

 

El historiador Norberto Galasso se autodefine como un hombre de la izquierda nacional. Desde esta posición lee tanto el pasado como el presente del país. En esta nota, las reflexiones políticas de un hombre que ha hecho del trabajo histórico silencioso, la coherencia y la ética una forma de vida. 

 

–¿Cómo ve el momento político actual? ¿Cree que estamos asistiendo realmente a un punto de inflexión de la historia del país?

 

–Hay un avance apreciable. Quienes vivimos los sucesos de 2000 y 2001, cuando los jóvenes se iban masivamente del país, estamos presenciando grandes cambios como, por ejemplo, que muchos científicos hayan vuelto al país. Arturo Jauretche decía que Martínez Estrada se tenía miedo a sí mismo de tan izquierdista que era. Hay gente que es tan izquierdista que sólo ve lo que falta. Y lo que falta es evidente. Hay un 30% de trabajadores en negro sin protección social. El control de precios se hace difícil porque los grandes consorcios están muy oligopolizados o monopolizados e influyen sobre ellos. Pero el común de la gente lo que ve es que hay inflación y cree que la culpa es del gobierno. Lo mismo sucede con la inseguridad, que en realidad proviene del descalabro de toda una generación que no conoció lo que es el trabajo y sufrió una desocupación que llegó a ser del 24 o 25 por ciento. A eso hay que sumar el tema del narcotráfico, que es un problema mundial. Hay gente que mira la parte del vaso que está vacío y nosotros miramos lo que se ha avanzado. Cuando Néstor decía que estábamos saliendo del infierno para entrar al purgatorio creo que tenía razón, y tuvo también razón, en el gobierno de Cristina, con la 125 que, desgraciadamente, salió mal y fue un factor de debilitamiento del que el gobierno luego se recuperó.  

 

–¿Cuáles son las deudas pendientes?

 

–Creo que hay que fortalecer el campo popular, polemizar y lograr una mayor democratización de las organizaciones sindicales e incluso de las organizaciones políticas. El PJ es un nombre y en el radicalismo está Cobos, que es bastante representativo de la crisis de la dirigencia política. Es cierto también que han surgido figuras de importancia.

 

–¿Quién, por ejemplo?

 

–Axel Kicillof. También algunas figuras de los movimientos sociales como "El Chino" Navarro. Raimundi es también una figura interesante. Hay gente, pero la política depende de la correlación de fuerzas y con las 300 bocas que tiene Clarín para difamar y los trepadores que buscan acomodarse –no vamos a hacer nombres– la situación se complica. Además, también ha habido errores. Yo tenía una gran confianza en el MTA por su actitud combativa con el menemismo y también en la CTA. Creí que de allí podían surgir dos organizaciones sindicales con destino a unirse y tener una presencia de los trabajadores realmente importante, pero eso no ha sucedido y el protagonismo de la clase trabajadora ha disminuido. 

 

–Hoy hay quienes parecen no recordar lo que sucedió en la Argentina en 2001 o lo que fue la dictadura. Incluso, hay quien no piensa en la democracia de la que se disfruta hoy como una conquista. ¿De qué modo lee usted la recuperación de la democracia? 

 

–Creo que hay varios factores que inciden en el hecho de que la dictadura haya entrado en declinación y se haya llamado a elecciones. Pero los protagonistas sustanciales diría que son, por un lado, las Madres de Plaza de Mayo y, por otro, un sector del sindicalismo combativo que generó varias concentraciones populares. Después, hacia el final, la multipartidaria juega un papel apurando las elecciones, pero creo que, en general, los dirigentes políticos de los partidos mayoritarios jugaron un papel bastante escaso. En algunos casos colaboraron y en otros no tuvieron forma de dar respuesta a ese clima de terror implantado, de miedo, de persecución y reconversión de la economías. Insólitamente, las que le dieron a la dictadura un desprestigio mundial fueron las Madres con su coraje increíble y su presencia permanente todos los jueves en la Plaza. 

 

–¿Los líderes de los partidos mayoritarios no pudieron intervenir, no supieron cómo hacerlo o qué fue lo que les pasó?

 

–Creo que una característica de los países coloniales, semicoloniales o dependientes, de los países que no ejercen realmente su soberanía, es la aparición de movimientos nacionales que tienen un momento de auge, de desarrollo enfrentando esa dependencia y que generan líderes que llevan adelante procesos de avance como sucedió con el yrigoyenismo en su momento y con el peronismo, especialmente del '45 al '55 y luego durante la resistencia. Pero tanto en el caso del radicalismo como del peronismo, la muerte del líder incidió mucho en el proceso de declinación. Lo que se llamó la "alvearización del radicalismo" viene ya del año '33. Desde la muerte de Yrigoyen en adelante, el radicalismo empieza a ser un elemento más del sistema que convalida el fraude, que lleva a la Unión Democrática en el '46 a los dirigentes que habían sido enemigos de Yrigoyen. Con respecto al peronismo, la muerte de Perón provoca un enfrentamiento cada vez mayor que ya se venía dando desde antes. Se trata de movimientos policlasistas en los que todos coinciden en apoyar al líder pero por razones diferentes.  Recuerdo que cuando teníamos la alternativa de votar a Alfonsín o Luder, Luder lo que menos parecía era un peronista del '45, más bien daba la imagen de un constitucionalista o de un profesor austríaco que poco tenía que ver con Beriso, con Avellaneda, con todo aquello de lo que se había nutrido el peronismo. Por eso, en muchos casos, hubo radicales y peronistas que fueron intendentes de la dictadura y que tuvieron su responsabilidad en el momento en que esa dictadura se produjo. 

 

–¿Por ejemplo?

 

–Durante la declinación del peronismo no sólo estuvo presente la figura de López Rega, sino que, además, cuando tuvieron la posibilidad de decir algo para tratar de salvar la situación –Isabel ya había hablado de elecciones para que el pueblo se definiera– las declaraciones fueron completamente vacías. Fue una declinación de la dirigencia política que, en alguna medida, se relaciona con la declinación que hubo en los años '40.

 

–¿Qué fue lo que sucedió en ese momento?

 

–Puiggrós dice que en el '40 toda la dirigencia política era de derecha, desde la derecha propiamente dicha hasta la izquierda misma, que jugaba con la derecha. Ahí surgió la Unión Democrática. Hoy podríamos decir que cuando llegamos al 2001, salvo la figura de Kirchner, pasó algo similar. En 2003 las elecciones las gana Menem en primera vuelta y el tercero era López Murphy, de modo que el panorama era desolador. Kirchner tuvo la capacidad suficiente para entender el momento que se vivía e iniciar un proyecto distinto pero, en general, había una declinación bastante notable de los partidos mayoritarios. Hoy, por ejemplo, la oposición lo único que quiere es que Cristina desaparezca del poder pero no ofrece ningún modelo alternativo. Desde el oficialismo también se refleja una cierta debilidad porque de Cristina a la segunda línea hay una diferencia bastante apreciable. Es decir que las mayorías populares, los trabajadores que protagonizaron el 17 de octubre y el Cordobazo, que han llenado la Plaza convocados por los dirigentes sindicales, algunos de los cuales han tenido una trayectoria correcta y otros han declinado, y el entusiasmo de los chicos de La Cámpora son cosas que suceden por abajo, pero no se reflejan en un grupo de dirigentes importantes. No contamos, por ejemplo, con diez candidatos importantes, sino con pocos.  A veces, las decisiones se toman en mesas chicas, no se da un debate lo suficientemente rico acerca de cuál es la sociedad que queremos. Esto sucede desde la oposición y desde el oficialismo.    

 

–¿La democracia fue una conquista o una mera declinación de los militares en el poder?

 

–Creo que los militares se complicaron al meterse en el asunto de Malvinas, pero hicieron lo que querían hacer a través de Martínez de Hoz porque, más que los militares, el cerebro del golpe del '76 fue él. Se detuvo el proceso de industrialización, se ató la economía al Fondo Monetario Internacional y se definió la política exterior como "relaciones carnales", es decir, de dependencia total. Además, se sofocó a la clase trabajadora con los contratos basura y todas las medidas antipopulares que se tomaron. Lograron producir las condiciones para que se forjara un grupo de empresas o consorcios que podrían haber sido una burguesía nacional en el sentido de tratar de desarrollar una economía propia, pero no fue así. Macri, Bulgheroni, Pérez Companc casi todos ellos nacen en el '45, '46, '47, '48, pero se vinculan al mercado externo como Tenchint, por ejemplo, que vende la mayor parte de su producción afuera, o Aluar, que también vende la mayor parte afuera. Esto dificulta el pacto social porque a estas empresas les gusta trabajar con salarios bajos y, si venden adentro, necesariamente, les guste o no, tienen que darles a los trabajadores un poder de demanda de compra para poder colocar su mercadería. Si venden afuera, como habitualmente lo hacen Bulgheroni o Pescarmona, el país queda convertido en una factoría en la que hay una clase económica dominante integrada por la Sociedad Rural, industrial en algunos aspectos de estos grandes consorcios y comunicacional en la concentración poderosa de Clarín, por ejemplo. Estos grupos no quieren el protagonismo popular ni la redistribución del ingreso. Ese es, precisamente, el quiebre que se da en 2003, por lo que han apelado y siguen apelando a todo, incluso a lo más cruel y más bajo para no perder sus privilegios que están ligados al gran capital multinacional. Pero hay elementos ciertos para decir que en Estados Unidos y en Europa lo están pasando bastante mal. Hay allí una situación de declinación. Estamos en un momento de cambio y los privilegiados se agarran con uñas y dientes para no perder sus privilegios. Por eso, aquí hay personajes que han pasado de la centroizquierda a la derecha. Periodistas a los que uno les tenía confianza se han convertido en personajes insoportables. Este es un momento difícil en que el campo popular tiene que multiplicar los esfuerzos para lograr que los avances logrados en esta década ganada se profundicen y no se estanquen o se pierdan. Yo suelo recordar una frase de Manuel Ugarte que decía que no hay nada más peligroso que una revolución a medias. Cuando se comienza a hacer cambios, el enemigo empieza a alertarse, a prevenirse. Si los cambios no se pueden profundizar o la dirección del campo nacional no tiene ambiciones de ir más allá, hay grandes peligros de declinación y retroceso. 

 

–Claro, porque el enemigo avanza.

 

–Sí, esos grupos han perdido privilegios, la redistribución del ingreso ha cambiado en pocos años. A pesar de que no ha cambiado tanto como durante el peronismo, que llegó al 56% para los trabajadores, ha cambiado bastante. Aunque la reactivación también les permite hacer negocios y los hacen, temen el protagonismo popular y tienen un odio de clase que es el mismo que los llevó a despreciar a las chusmas yrigoyenistas y al cabecita negra, a secuestrar el cadáver de Evita y a desterrar a Perón.  

 

–¿Cuál es el antecedente histórico de estos grupos? 

 

–Son los grandes privilegiados de la Revolución de Mayo, que eran los monopolistas frente al Plan de Operaciones de Moreno que hoy tanto se discute diciendo que es apócrifo y todas esas macanas. Moreno decía: "Desgraciados los países en que la riqueza está concentrada en pocas manos." 

 

Autodefinición

 

"Siempre le tuve desconfianza al radicalismo –dice Galasso– pero no he sido antialfonsinista a muerte como algunos peronistas. Tampoco soy peronista. Siempre fui un hombre de la izquierda nacional que reivindicó a don Hipólito y que apoyó a Perón. Sentí que Néstor Kirchner expresaba la democracia sobre todo cuando se tiró, cuando se lanzó sobre la gente. Esa es una imagen de él que me quedó muy grabada porque me pareció que ese acto era un acto de comunión con el pueblo. Por supuesto que apoyé el Juicio a las Juntas, pero allí participaron muchos personajes que luego tomaron otro rumbo. Siempre desconfié un poco del radicalismo a pesar de que mis tíos eran radicales y vengo de una familia radical por vía materna, pero ellos eran radicales de Yrigoyen, radicales que fueron a pedir armas el 6 de septiembre del '30 para parar el golpe. Reconocí algunas virtudes en Frondizi, que era un estadista, pero que prácticamente no pudo gobernar y cuya concepción política fue sometida por el desarrollismo de Frigerio. Mi viejo era de una familia socialista de izquierda y en su experiencia práctica me hizo ver muchas cosas. Él tenía un negocio de compostura de relojes en el que se vendían algunas joyas no muy importantes. Él me decía que durante el peronismo aparecieron clientas nuevas que eran las empleadas domésticas que venían del interior que antes sólo pasaban por enfrente en alpargatas y traje negro porque alguna vez habían tenido que teñirlo por un duelo en la familia y luego lo siguieron usando. Durante el peronismo aparecían una vez por mes, cuando cobraban, a comprar una pulserita o algo así. Eran más altas porque usaban tacos y tenían ropa de colores. 

 

Fuente: Tiempo Argentino

2 de febrero de 2014